Bajé del autobús y troté hasta la casa de mi prima. Hacía un año que se mudó a esa mansión que su padre le regaló. Atravesé el jardincito descuidado y toqué el timbre. Ah, Ju, ¡al fin llegas! Me dijo sonriendo. Entré al salón, decorado con gusto. Le conté mi metedura de pata de anoche: masturbándome pensando en ella, con el paquete de aperitivos en forma de polla tirado por ahí. Mi madre entró, me caí de bruces, chemise de nuit mojada, todo a la vista. Vergüenza total.

Ella asintió, pensativa. Espera, voy arriba. ¿Qué trama? Me quedé nerviosa, mordiéndome el labio. Bajó con algo detrás de la espalda, ojo pícaro. ¡Toma! Sacó un dildo enorme, como de California. Lo miré hipnotizada. ¿Ya has usado uno? Sonó su móvil. No te muevas. Lo cogí, lo palpé. ¿Tienes unos ojos bonitos, sabes? Le dije al juguete, como una loca.

La Aproximación: Espera, miedo y deseo entrelazados

Volvió. ¿Qué tal? Imponente, balbuceé. Se sentó pegada, me besó de golpe. Lenguas enredadas, saliva mezclada. Manos bajo mi sudadera, sin sujetador. Me amasó los pechos, pezones duros al instante. Quise tocarla, pero: Hoy mando yo, Ju. Corazón latiendo fuerte. ¿Y si me acobardo? Me quitó el vaquero, me indicó que me tumbara. Dedos sobre la braguita, humedad inmediata. Besos en el vientre, subiendo a los pechos. Descargas eléctricas. Me arranqué la ropa, temblando.

El Instante: Contacto brutal y éxtasis

Ella chupó mis pezones, círculos con la lengua. Ningún tío me había hecho sentir así. Bajó a mi coño empapado. Deslizó la braguita, sonrió ante mi monte de Venus rasurado. Lengua en el clítoris, lamiendo mi jugo como néctar. Cara brillante de mi excitación, me besó. Yo le lamí el rostro, en trance. Me negó el orgasme varias veces: dedos dentro, fuera. Agarró el dildo, lo untó con mi flujo, lo metió despacio mientras me sobaba las tetas. Explosión. Orgasme violento, cuerpo vacío minutos enteros.

Extendió el sofá-cama. Me acurruqué contra ella. ¿Bien? Sonrió. La besé, mudos en la pereza post-sexo. La miré dormir: pelo rubio ondulado, pechos periformes, silueta fina. Había gozado como nunca, pero faltaba algo. Lo supe de golpe. La besé para despertarla. Léïla… Quiero hacerte correrte a ti también. Sus ojos se abrieron, sonrisa pícara. Mi inocencia se había roto para siempre. Ese sabor prohibido, nervioso, me cambió.

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