La primera vez que vi a mi mujer mamar una polla desconocida

Quince días en silencio. Nos ignoramos. Ni un polvo. Miércoles por la noche. Nos acostamos cada uno por su lado. El corazón me late fuerte. —¿Cariño? La aproximación: espera y deseo nervioso —Sí. —¿Qué pasa? —Nada. —Te noto rara desde lo del club. —Tú conseguiste lo que querías, ¿no? No me jodas. Me quedo mudo. […]