Estaba en el claro del bosque abandonado, al amanecer. El sol apenas rozaba los árboles. Laetitia sollozaba en mis brazos. Su confesión aún ardía en el aire. El cadáver de Sohn-Faïve a unos metros. Mi corazón latía desbocado. Nervios. Sudor frío en la nuca. Ella, la diosa rubia, tan cerca. Olía a perfume caro y a miedo. Yo, Michel Marteau, detective de Passy, con treinta años de casos de cornudos. Pero esto… esto era nuevo. Mi polla se tensaba en el pantalón. ¿Y si la besaba? ¿Y si me rechazaba como a un viejo verde? Sus pechos rozaban mi pecho. Duros. Firmes. Recordé su foto con el Gourdin de plata. El deseo me ahogaba. Esperé. Temblando. El bosque crujía. Ella levantó la cara. Ojos azules, hinchados. Labios carnosos. Mi mano en su mejilla. Suave. Eléctrica. El tiempo se paró. Quería devorarla. Pero el miedo me clavaba. ¿Primera vez real con una como ella? Mi inocencia, esa mierda que creí perdida, volvía a latir.
Sus labios tocaron los míos. Suave al principio. Luego, hambre. Lenguas chocaron. Crudas. Húmedas. La saboreé. Dulce. Salada de lágrimas. Mis manos bajaron a su cintura. Fuerte. Caderas anchas. La apreté contra mí. Mi erección contra su vientre. Dura. Dolorosa. Ella gimió en mi boca. Manos en mi nuca. Uñas clavadas. Mordí su labio inferior. Sangre leve. Ella empujó más. Pechos aplastados. Sujetador fino bajo la blusa. Pezones duros. Los rocé con los pulgares. Tembló. Jadeos cortos. Nervioso. Mi polla palpitaba. Quería follarla ahí. En el barro. Arrancarle la falda. Entrar en su coño caliente. Pero maldestro. Tropecé con su pelo. Ella rio bajito. Excitante. Lamí su cuello. Sudor. Piel de gallina. Sus dedos bajaron a mi bragueta. Presionó. “Michel…”. Voz ronca. El mundo giró. Descubrimiento brutal. Su cuerpo perfecto. No porno de Conchita. Real. Carne viva. Mi virginidad emocional hecha trizas en ese beso salvaje.
La espera tensa en la penumbra
Se apartó de golpe. Rodilla en mis huevos. Dolor blanco. Caí de rodillas. Escrotos ardiendo. Ella sonrió fría. “Idiota”. Franck Lucca rio. La policía llegaba. Yo en el suelo. Polla flácida. Corazón roto. Fin de la inocencia. Ese beso, mi primera vez con el paraíso. Nervios pagados con humillación. Ahora, solo recuerdo el sabor. El roce. La traición. En mi cama de Passy, solo, me masturbo pensando en ella. Presa o no. Brisa nueva. Pero marcada. Ya no soy el mismo viejo. Deseo eterno. Dolor dulce.