En la habitación del piso superior de aquella taberna en Nantes. La puerta se cerró. Mi corazón martilleaba. Diecinueve años. Puero total. Marie me miró. Se quitó el vestido. Piel morena. Tetas pesadas. Caderas anchas. Yo, dos metros de puro nervios. Manos sudadas. Polla flácida por el miedo. Ella sonrió. ‘¿Vas a quedarte ahí como un poste? Quítate todo’. Temblé. Botones rebeldes. Pantalones abajo. Mi verga gruesa colgaba. Siempre me avergonzaba su tamaño. Ella abrió los ojos. ‘¡Joder! Eres un toro’. Se acercó. Olía a perfume barato y mar. Mi aliento entrecortado. Quería huir. Quería devorarla. Sus pechos rozaron mi pecho. Duros pezones. Extendí las manos. Tacto suave. Caliente. Suspiré hondo. Ella bajó la vista. Agarró mi polla con ambas manos. No cabía en una. La apretó. ‘Vamos a ver si sirves’. Lentos movimientos. Subía y bajaba. Sangre a borbotones. Se irguió. Glande hinchado. Venas pulsantes. Intentó chuparlo. Solo la punta. Lengua juguetona. Gemí. Piernas flojas. ‘A cuatro patas’, dijo. Obedecí. Temblando detrás. Buscaba el coño. Nada. Ella metió la mano. Guió mi cabezota. ‘Suave, o me matas’. Empujé. Deslizó un poco. Eyaculé al instante. Chorros calientes. Solo la mitad dentro. Vergüenza. Pero no se ablandó. Seguí. Mi semen lubricaba. Entré más. Mal metro. Desordenado. Ella jadeaba. Coño apretado. Me tragaba entero. Golpeé fondo. Picor en su vientre. Sus caderas se movían. Yo sudaba. Nervios y fuego. Segunda corrida. Llené su útero. No paré. Follaba como bestia. Ella enterró la cara en la almohada. Gemidos ahogados. Cuerpo tenso. De pronto, gritó. ‘¡Sí! ¡Joder!’. Ondas de placer. Se corría. Primera vez para ella. Yo la levantaba con cada embestida. Paredes vaginales contraídas. Me ordeñaba. Rugí. Tercera descarga. Follón salía por sus muslos. Se desplomó. Inconsciente. Me asusté. ‘¿Marie? ¿Estás bien?’. Parpadeó. Sonrisa boba. ‘Nunca… así. Eres un dios’. Bajamos. Bastien pagaba. Ella rechazó la bolsa. ‘Gratis. Me hiciste mujer’. Comí carne. Ella pidió favor. Sus hermanas. Lison en Le Havre. Suzon en Burdeos. ‘Ellas tampoco gozan. Llévales placer’. Asentí. Mudo. Fin de mi inocencia. Mundo nuevo. Polla como arma. Marineros vitoreaban. Pero yo cambié. Nervios rotos. Deseo eterno.

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