En aquel café diminuto, cerca de la parada del bus, el corazón me latía con fuerza. Estelle sonreía, sus ojos negros clavados en los míos. Mi rodilla aún recordaba el roce en el bus. Sudaba. Las manos temblaban sobre la taza. Quería tocarla. Pero el miedo me paralizaba. ¿Y si ella notaba mi nerviosismo? Hablábamos de todo. De la uni. De libros. Pero yo solo veía sus labios moviéndose. Sus dedos largos girando la cucharilla. Imaginaba esas manos en mi piel. El estómago se me retorcía. Deseo puro. Mezclado con pánico. ‘¿Quieres venir a mi casa? Está cerca’, dijo de repente. Asentí. Sin voz. Caminamos en silencio. El aire frío de la tarde no calmaba el calor en mis mejillas. Subimos las escaleras. Su piso olía a vainilla y libros viejos. Nos sentamos en el sofá. Cerca. Demasiado cerca. Nuestras piernas se rozaron. No me aparté. Ella tampoco. El silencio pesaba. Miré sus manos. Esas que tanto había fantaseado. Nerviosa, acerqué la mía. Dudé. La posé sobre su rodilla. Su piel tibia bajo la falda. Tragué saliva. Ella giró la cabeza. Sonrió. Sus labios rozaron mi oreja. ‘¿Primera vez?’, susurró. Asentí. Temblando.
Sus manos subieron por mi muslo. Lentas. Firmes. El primer contacto real. No como en sueños. Más crudo. Más vivo. Me besó. Su boca suave. Húmeda. Mi lengua torpe buscándola. Gemí bajito. Sin control. La empujé contra el sofá. Maladroite. Tropecé con su blusa. Botones saltando. Sus pechos expuestos. Pezones duros. Los toqué. Dudando. Ella guió mis dedos. ‘Así’, murmuró. Bajó mi pantalón. Frío en la piel. Sus dedos en mi sexo. Húmedo ya. Entraron despacio. Dolor mezclado con placer. Jadeé. La besé fuerte. Mordí su cuello. Sus manos en mi culo. Apretando. Me abrí. Piernas temblorosas. Lamí su pecho. Salado. Suave. Ella arqueó la espalda. Grité su nombre. Primero orgasmo con ella. Explosión. Cuerpo convulsionando. Sudor. Aliento entrecortado. Sus dedos aún dentro. Salió. Me miró. Beso tierno.
La Aproximación: Espera y Tensión
Después, tumbadas. Su mano en la mía. Apretando. Inocencia rota. No dolor. Liberación. Isabelle tenía razón. Era mío. Ese deseo. Esa sensualidad. Ya no dudas. Solo certeza. Caminé a casa. Piernas flojas. Recuerdos quemando. Una chica en el metro. Otra vez mirada. Ahora consciente. Sonreí. Mundo nuevo. Manos de Estelle marcadas en mi piel. Para siempre.