Me llamo Antígona. Llevo más de diez años con Carlos. Éramos felices, pero el sexo se volvió rutina. Mi hermana Brigitte se casó con el hermano de mi marido, Roland. Formamos una familia unida. Brigitte me cuenta todo sobre Roland. Sus palabras me hacen soñar. ¿Me equivoqué de hermano? Roland es musculoso, peludo. Carlos es lampiño, se depila. Diferentes en todo.
Ayer, Carlos y Brigitte partieron a Países Bajos por un congreso. Hoy, Roland y yo solos. Almorzamos. Dos aperitivos, una botella de vino, digestivo. Yo no bebo nunca. Hoy sí. Roland anima. Río. Bajo la guardia. Sé que mi marido y mi hermana están juntos. Eso me excita.
La aproximación: miedo y deseo entrelazados
En la veranda, calor sofocante. Yo con falda de tenis negra, blusa beige semitransparente sobre bikini. Él en bañador. Saca su bloc, fusain. ‘Hazte mi retrato para Carlos’, dice. Acepto. Desabrocho un botón.
‘—Ahí, échancra un poco más el cuello.’
Su voz, casi orden. Me sorprende. Insiste. ‘Para el dibujo. Y por el calor.’ Tiro de otro botón. Se levanta, abre mi blusa. Ve el nacimiento de mis pechos.
‘—¿No es demasiado escotado?’
‘No, y si no te gusta, otra sesión.’ Vuelve a su taburete. Media hora. Me llama. Muestra dos dibujos. El primero, yo. Pelo leonino, nariz mutina, escote pronunciado pero bonito. El segundo: pechos desnudos. Imaginados.
‘—¿Te gusta?’
‘El primero sí. El otro…’
‘Solo imaginé tus pechos. ¿No te enfadas?’
‘Pero no son míos. Los reales son más pesados, areolas grandes, oscuras.’ ¿Por qué lo digo? El alcohol.
El instante y la huella: del contacto a la pérdida de inocencia
Se levanta. Su bañador tensa. Blande por mí. Se acerca. Me hace levantarme. Acaba de desabotonar. Quita la blusa. Desata el bikini. Mis 95D al aire. Pesados, caídos un poco. Areolas amplias, pezones duros, dolorosos.
‘Veo que no soy el único excitado.’
Sus dedos rozan mi pezón derecho. Gimo. Me masajea los pechos. Me derrito. Sus labios en los míos. Resisto un segundo. Abro la boca. Lenguas danzan. Beso eterno.
Su mano desata mi falda. Tira del lazo del bikini. Desnuda. Yo lo desnudo. Su polla. Monstruosa. Más corta que la de Carlos, pero gruesa. Imposible abarcarla con la mano.
Corazón latiendo fuerte. Nervios. ¿Qué hago? Deseo quema. Él me empuja al sofá de la veranda. Piernas abiertas. Su boca en mis pechos. Chupa fuerte. Grito bajito. Manos en su pelo. Tiro.
Baja. Lame mi vientre. Llega al sexo. Húmeda ya. Lengua experta. Primera vez así. Carlos no hace esto. Me corro rápido. Temblores.
Se pone de rodillas. Polla contra mí. Frota. ‘¿Quieres?’ Asiento. Nerviosa. Gruesa. Duele al entrar. Lentamente. Llena todo. Maladroite al principio. Él jadea. Yo araño su espalda peluda.
Ritmo acelera. Sudor. Calor. Veranda gira. Gemidos. Su olor animal. Me folla fuerte. Pierdo control. Otro orgasmo. Él gruñe. Se corre dentro. Calor líquido.
Queda encima. Respira. Me besa suave. Retira. Semen sale. Miro mi cuerpo marcado. Pechos rojos. Sexo hinchado.
Inocencia rota. Placer culpable. ¿Volverá? Lo deseo. Familia cambiada para siempre. Nervios dulces ahora. Horizonte abierto.