Era un domingo gélido de marzo, en las pulgas del mercado. Al volante de mi C5, sentía el entumecimiento dulce del frío y la fatiga. Frente a mí, camionetas paradas. Brocantes charlando en frases cortas. Dos parlanchines reían como en pleno sol. Espiaba el vaho de sus bocas, iluminado por faros amarillos antiguos. Ese era mi momento favorito: el sueño tribal, feliz de ser francesa.
Luego, el caos. Seguir al placier, pelear por un buen sitio. Desempacar en la lona azul bajo linterna. Llegan los matutinos, caras pálidas, mal afeitadas. Vendo bien. Mis amigas me dan ropa femenina, tomo el 50%. Ellas piden reservas, yo equilibro.
La Aproximación: Espera, miedo y deseo
Enfrente, un furgón enorme, casi camping-car viejo. Nada para vender, ocupa todo el espacio. Un tipo impecable, aire setentero, al volante. No fuma, no bebe café. En la fachada: “Señoras, entren y ganen lo que quieran”. Raro. Quiero preguntar, pero mi puesto no para.
Espero a Hervé, mi chico. Veo chicas entrar tras charlar con él. Salen con billetes, sonrientes. Un pareja: él negocia, ella entra sola. Él compra mi mejor blusa bordada, regatea sonriente. Ella sale, mejillas rojas, ojos brillantes. “¿Bien, Finette?”. Curioso.
Más chicas: hippies sucias, mamás modernas, excéntricas, chicas sages. Él elige solo las ingenuas, rechaza las curtidas con diplomacia. Me distrae. Llega Hervé, beso rápido, lo dejo con la caja. Camino, bebo birra a las 10:30. Me acerco al furgón, curiosidad quema.
Una chica ravissante entra. Dura mucho. Sale ardiendo. No aguanto. Voy: “¿Qué pasa aquí?”. Él, sereno, me toma el brazo: “Ven”. Lo sigo. Puerta cierra. Amusement y aprensión. Curiosidad devora.
Sas con cortinas albaricoque. Explica: fotógrafo amateur. Entra, toca, muestra lo que quieras, sal cuando basta. Acordamos pago. Pienso en todas las chicas. No ser cobarde. Entro.
Espejo grande, sin duda sin teja. Me miro: falda lamé, medias lana gris, calcetines danceros. Pull grueso esconde bustier. Calor sofocante. Amortiguado lujo, boudoir rosa viejo. Ropa interior coqueta, cuero, dildos, vibradores, espejos inmensos.
El Instante: Contacto brutal y éxtasis
Vertigo. Calor sube, humedad entre piernas. Me desvisto. Guardo sostén, bajo bragas empapadas. Pruebo una culotte usada, sensual. Farfouille: badine de cuero. Recuerda web porno, hispana inspeccionada.
La acaricio, mamelones duros. Busco cámaras. Entra: “Sabía que elegirías eso”. No temo. Me quita la badine. “Vientre en sofá, rodillas en moqueta, mira cámara allí”. Ojo de urubú es DV.
Le muestro todo: nalgas, ano prieto. Empieza a azotarme. Lento, posado. Rosifico piel. Dedos en coño, dos de golpe. Suspiros. Prueba ano con pulgar: estrecho, ardiente. Sigo azotes. Quiero correrme.
Me unta crema mágica, células saltan. Azotes más. Cambio algo… ¡Ohhh! Me corro, inundo sofá. Nunca fustigada. Arrasa entrañas, piel. Culazo rojo. Orgasmos internos.
Ano listo. Me penetra anal, largo, inexorable. Oscila. Explosión simultánea. Grito. Me pela tetas. Comunión mística.
Benoît, su nombre. Veo video, pero piel es magia. Remete azotes. “Para ti, gratis”. Respeto verdadero. Pregunto: “¿Cuántas follas sábados?”. Sale. Pago cero. Cambio para siempre.
Salgo. Hervé ajeno. Vuelta puesto, piernas temblorosas. Inocencia rota. Nuevo horizonte. Dolor dulce, placer prohibido. Nunca igual.