En el salón, sobre el sofá. Puertas cerradas. Persianas bajas. Intimidad absoluta. Eran las 20 horas. Esperaba a Henry, desconocido. Solo mensajes. Prénoms falsos quizás. Anaïs y Henry. Yo, nerviosa. Él, mayor. Decenas de años. Quería desvergonzarme.

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Desde la tarde, el estómago revuelto. ‘¿Qué edad tienes?’, preguntó. ‘Un poco más de veinticinco’. Él rió. ‘Te desvirgaré’. Miedo. Curiosidad. ‘Peligroso’, respondí. Pero tentador. ‘Juguemos’, propuse. ‘El primero que corre, pierde’. ¿Perder? Excitación pura. ‘A esta noche’.

La Espera: Miedo y Deseo Entrelazados

El tiempo se estiraba. Mordía mi labio. Manos temblorosas. ¿Y si era un loco? Pantallas nos separaban. Fantasmas anónimos. Deseo crecía. Vientre palpitante. Mezcla de pánico y fuego.

‘¿Estás ahí?’. ‘Sí’. ‘¿Dónde estás?’. ‘En el salón, sofá. Puerta y persianas cerradas. Toda tuya’. Él: ‘Desnudo en mi cama. Impaciente. Te acaricio imaginándote’. ‘¿Qué llevo?’. ‘Camisa larga y bragas simples’. ‘Me gusta la sencillez. Quítatelo todo, pero despacio’.

Me tumbé. Cojines suaves. Su mano subía mi pantorrilla. Lentamente. Cosquilleo en la rodilla. Masaje en el muslo. Me relajaba. Cabeza atrás. Ojos entrecerrados. Aliento corto. Mis dedos lo buscaban.

‘No tan rápido, coqueta’. Sus manos en mis nalgas. Las rozaba. Amasaba. Levantaba la camisa. Tocaba las bragas. ‘Despacio’. Subía a mis pechos. Tetas hinchadas. Pezones duros. Los pellizcaba. Abrí la camisa. Mordí mi hombro desnudo. Boca húmeda.

‘¡Coño, sigue!’. Me retorcía. Muslos apretados. Dedos impacientes. Sus manos en mi vientre. Descargas en los muslos. Piel frágil. Su verga dura. La mía palpitaba. ‘Quítate las bragas’. Las bajé temblando. El elástico rozaba. Dedos en mis pelos púbicos. Avidos.

El Clímax: Descubrimiento Físico Brutal

‘Siento su calor contra mi muslo’. ‘Entra’. ‘No, no estoy lo bastante mojada’. Su lengua imaginaria en mi clítoris. Lamía. Mis dedos lo rodaban. Frenesí. ‘Entra con tu verga’. Me electrocutaba. Tetas contra el sofá. Vientre en llamas.

‘Jodo, no aguanto’. Mis dedos hallaron el punto. ‘¡Me corro!’. Perdí. Grito salvaje. ‘Entra ahora’. Él penetraba lento. Mi coño ardiente lo apretaba. ‘¡Sí, ven!’. Se retiraba. Volvía fuerte. De un golpe. ‘¡Otra vez, amo!’.

Húmeda. Ruisselante. Tetas contra su pecho. Se reculaba. Más hondo. Sábanas revueltas. Yo: nalgas apretadas. Muslos abiertos. Pelvis alzada. Temblores. ‘¡Caliente, tan bueno!’. Ola nueva. Me perdí en un alarido. Él jadeaba. Exhaustos.

Effondrada en el accoudoir. Espasmo en la pierna. Calma lenta. Torpor. Él: ‘Vuelve a tu cama antes de dormir’. Volupté nos envolvía. Sabor en la lengua.

‘¿Seguirás desvirgándome?’. ‘Todo lo que quieras’. Esa noche, inocencia rota. Horizontes abiertos. Nervios convertidos en adicción. Maladroite, excitante. Primera vez tocando lo prohibido. Ya nada igual.

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