Entramos al estudio. Era un sábado después del bachillerato. El corazón me latía fuerte. Corinne y yo, solos por primera vez. El amigo nos había dejado la llave. La puerta se cerró con un clic que sonó como un trueno. Nos miramos. Silencio pesado. Sus ojos brillaban de miedo y ganas. Yo temblaba. Habíamos tocado, lamido en la oscuridad de la ruina. Pero nunca nos habíamos visto desnudos. Nunca el acto final.
Me acerqué. Quería llevarla en brazos, como en las películas. Pero un vecino bajó las escaleras. Nos quedamos quietos. Ridículos. Ella rio bajito, nerviosa. Entramos al cuarto. La cama pequeña, sábanas limpias. Olía a desconocido. Nos sentamos al borde. Manos sudadas. ‘¿Estás segura?’, le pregunté. Asintió, mordiéndose el labio. La besé. Suave al principio. Luego furioso. Lenguas torpes, chocando. Sus pechos contra mi camisa. Duros ya los pezones.
La Espera y la Tensión Inicial
La desvestí despacio. Ritual lento. Camiseta por encima de la cabeza. Sujetador blanco, simple. Lo desabroché con dedos temblorosos. Se cayó. Sus tetas pequeñas, altas, perfectas. Rosadas. Las miré hipnotizado. Ella ruborizada, cubriéndose un poco. ‘No mires tanto’, susurró. Pero yo no podía parar. Bajé la falda. Bragas húmedas. Las quité. Su coño depilado a medias, labios hinchados. Brillante. Mi polla dolía en los pantalones.
Ella me quitó la ropa. Tiesa, torpe. Me arrodillé para los zapatos. Pantalón abajo. El calzoncillo enganchado en mi verga erecta. Se rio. Nerviosa. Lo bajó. Mi polla saltó libre. Gruesa, venosa, cabeza roja. Ella la miró. Primera vez viéndola así. La besó. Suave. Luego en la boca. Caliente, húmeda. Chupó despacio. Gemí. La paré. No quería acabar ya.
Sobre la cama. Nos lameros mutuamente. Yo sus tetas, pezones duros entre dientes. Bajé al coño. Sabroso, salado. Lengua dentro. Ella jadeaba. Se corría casi. Ella mi polla, huevos. Profundo. Tosió un poco. Maladroite. Pero excitante. Paramos. Sudorosos. Listos.
El Contacto Brutal y la Unión Final
Me puse encima. Ella guio mi polla. Cabeza en su entrada. Húmeda, caliente. Empujé. Lento. Aprieta. Virgen. Dolor en su cara. ‘Para’, dijo. Esperé. Besos. Otra vez. Entró un poco. Más. Hasta el fondo. Gemido compartido. Nervios. Sudor. Moví caderas. Torpe al principio. Ella se arqueó. Placer puro. Aceleré. Carne contra carne. Chapoteo húmedo. Sus uñas en mi espalda. ‘Más’, suplicó.
Explotamos juntos. Yo dentro, caliente. Ella temblando. Quedamos pegados. Semen goteando. Inocencia rota. La miré. Sonrisa. Lágrimas. ‘Te quiero’, dijo. Yo igual. Todo el fin de semana follamos. Descansos. Palabras. Recuperar. Alternamos posiciones. Ella encima, torpe, riendo. Perros. Contra la pared. Descubrimos todo. Cansados, felices.
Salimos radiantes. Sus padres no preguntaron. Pero algo cambió. Éramos adultos. Ese estudio, testigo de nuestra unión primera. Nervios convertidos en pasión eterna. Aunque la vida nos separó después, esa noche vive en mí. Cruda. Real. Nuestra.