En la bañera humeante del chalet, el agua nos envolvía. Yo encima de Jeff, montándolo con furia contenida. Sus manos en mis caderas. El vapor nublaba todo. Le confesé mi secreto. Virgen por detrás. Nunca. Ni con Jacky. Él sonrió pícaro. No hoy, dijo. Pero sus ojos prometían. Mi coño se contrajo. Eyaculamos juntos. Temblores. Besos. Saliendo, el aire frío erizó mi piel. Nos vestimos en silencio. La tensión crecía. Bajamos. Willander en la cocina, sorbiendo ginebra. Sorprendidos. Le di una bofetada por llamarme abuela. Él rio. Jeff le ofreció bebida. Yo temblaba. Nervios. ¿Y si nos ata otra vez? El deseo ardía bajo el miedo.

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Subimos a la habitación. Willander nos siguió. Jeff, desafiante: átanos si quieres, pero voy a desvirgarla por detrás. El sueco soltó una carcajada gutural. Bien, dijo. Los ligó de nuevo. Manos y pies cruzados. Vientre contra vientre. Cara a cara. Su aliento caliente en mi cuello. El corazón me latía desbocado. ¿Miedo? Sí. ¿A él? No. Al desconocido. A mi ano intacto. Nunca había tocado allí. Ni siquiera yo. Jeff susurró: relájate, Mad. Sus dedos bajaron. Malabares torpes. Nuestros brazos atados limitaban. Rozó mis nalgas. Separé las piernas lo que pude. El roce. Eléctrico. Mi ano virgen se contrajo. Nervios. Sudor frío. Él escupió en su dedo. Húmedo. Presionó. Lento. Dolor punzante. Gemí. Para. No. Sigue. Empujó. La yema entró. Ardía. Extraño. Lleno. Mi clítoris palpitaba sin toque. Él giró el dedo. Explorando. Yo jadeaba. El miedo se fundía en placer prohibido. Willander nos miraba desde la puerta. Sus ojos lujuriosos. Excitante. Vergüenza ardiente. Jeff sacó el dedo. Su polla dura contra mí. La guié con mano temblorosa. Cabeza contra mi ano. Presión. Resistía. Lágrimas. Respira, dijo. Empujó. Desgarro. Grité. Duele. Detente. No. Más. Milímetros. El glande entró. Quemaba. Inmenso. Nervios a flor de piel. Sudor. Temblores. Él paró. Besos. Mi cuerpo se adaptaba. Lento. Pulsaciones. Dolor viraba a plenitud. Empujó más. Mitad dentro. Gemidos roncos. Maladroite. Nuestros cuerpos torpes por las ataduras. Fricción brutal. Placer nacía del roce áspero. Willander murmuró: joder, abuela, aguentas.

La aproximación temblorosa

Completó la penetración. Lleno total. Ano virgen roto. Lágrimas rodaban. No de dolor. De éxtasis. Nervioso. Animal. Él bombear. Lento al inicio. Cada embestida, fricción intensa. Mis tetas contra su pecho. Pezones duros. Clítoris rozando su pubis. Doble placer. Aceleró. Golpes secos. Ano ardiendo. Placer prohibido explotaba. Grité. Ven. Él gruñó. Eyaculó dentro. Calor líquido. Mi orgasmo siguió. Explosión. Temblores incontrolables. Colapsamos. Atados. Sudados. Él salió. Vacío extraño. Semen goteaba. Dolor sordo. Plenitud. Willander aplaudió. Desató. Nos dejó solos. Acurrucados. Silencio. Mi inocencia anal, ida. Horizonte abierto. Nervios calmados. Excitación nueva. Ya no era la misma. Sesenta años. Primera vez por detrás. Marcada para siempre. Jeff me besó el ano adolorido. Tierno. Futuro incierto. Pero vivo. Deseante.

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