Estábamos en esa roca plana, dominando la vasque superior. El sol filtrado por las frondas nos calentaba la piel desnuda. Todos se habían bañado. Yo me quedé allí, tumbada boca abajo, con el corazón latiendo fuerte. Cécile se acercó. Siempre tan gentil. ‘Con tu piel de rubia, cuidado con el sol’, dijo. Me ofreció crema solar para la espalda.

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Sus manos tocaron mi piel. Nervios. Un escalofrío me recorrió. No era como con Manon anoche, esa ternura inocente. Esto era distinto. Sus dedos bajaron. Masajeaban mis nalgas. Se colaron entre ellas. Rozaron mi ano. Subieron por muslos, pantorrillas, pies. Luego cuello, hombros. Cada centímetro ardía.

La aproximación: miedo y deseo entrelazados

Me pidió que se la pusiera yo. Su piel suave, caliente. Empecé por el cuello. Bajé a la cintura. Sus caderas se movieron levemente. Sus nalgas. Un balanceo sutil cuando pasé de una a otra. Repetí. Se arqueó. Entreabrió las piernas. Mis dedos rozaron el interior de sus muslos. Poils ásperos. Luego humedad. Deslizante. Resbalé. No pude parar.

Sus pliegues tiernos. Un suspiro. Encontré ese núcleo firme. Vibró. Lo seguí con índice y pulgar. Mi pulgar en su entrada. Se hundió solo. La apreté. Se arqueó más. Invitándome. Su clítoris hinchado. Lo acaricié como al mío. Sacudidas. La acompañé hasta que se derrumbó, inerte.

Sonreí, aturdida. Me tumbé a su lado. Giró la cabeza. Un ‘gracias’ mudo. Labios temblorosos. Mi inocencia rota. Primera vez tocando así a una mujer. Miedo. ¿Qué sentía yo? Deseo puro. Crudo. Su cuerpo casado, prohibido. Pero real.

La huella: el fin de la inocencia

Esa noche, en el dormitorio. Manon no estaba. Cécile cerca, con Julien. Sus besos. Susurros. Su mano en mi brazo. Me atrajo. Suave pero firme. Deslicé hacia ella. Otra mano. La de él. Fuerte. Me guió. Pinchamos su pezón. Gemido. Sus labios en los míos. Luego su barba. Tres lenguas danzando.

Mi mano en su vientre. Toison rizada. Su cueva húmeda. Él guiaba. Entre nalgas. Rozando su ano. Luego ella en mí. Bajo mi braga. La guié. Levanté la pierna. Sus dedos en mi clítoris. Vibré. Imposible. Una mujer me hacía gozar. Me liquefié en orgasmo.

Julien en ella. Yo aparte. Pero su mano en la mía. Uñas clavadas. Se retorcía de placer. Él se tensó. Sacudidas. Silencio. Arriba, ruidos. Antoine y Laura. Manon con Thomas fuera. Todo fluía. Mi mundo cambiado. Esa primera caricia en la roca abrió puertas. Nervios convertidos en adicción. Inocencia ida. Solo deseo queda. Recuerdo y tiemblo aún.

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