En nuestro apartamento en las afueras de París, el aire olía a cerveza y humo. Veintiún años. Marc y yo, compañeros desde el instituto. Christine, su chica de veinte, vivía con nosotros desde hacía meses. Sabían de mi bisexualidad. Ellos, de sus partouzes con una amiga. Una complicidad brutal. Aquella noche, strip-poker. Risas. Alcohol. Cartas malas. Terminamos desnudos los tres en el sofá.
Christine entre nosotros. Una polla en cada mano. Nos pajea lento. Nervios en el estómago. Su piel caliente, pegajosa. La beso. Marc le chupa la boca. Yo, un pezón. Duro. Él le acaricia el clítoris. Su verga, enorme. Veintidós por cinco. Me tiembla el pulso. Ella a cuatro patas. Me mama. Marc le come el coño desde atrás. Levanta la cabeza. ‘¿Chupa bien, eh?’. ‘Joder, sí. Delicioso’. ‘Es experta. Adora pollas, culos, coños’.
La Aproximación: Tensión y deseo en el sofá
Su boca me traga entero. Glande en la garganta. Éxtasis. Quiero devolverle. Le toco el culo. Intento el ano. Marc me coge la mano. La pone en su polla. La meneo. Tiemblo. Primera vez tocándolo con ella aquí. Él le mete dedos en el coño. Ella me chupa hasta las bolas. ‘¿Quieres mamarme?’. Asiento. Miedo y ganas. Me ofrece su verga. La engullo. Dura. Gruesa. Christine me lame las huevos. Él me agarra la cabeza. Me folla la garganta. Asfixia. Pero aspiro su glande. ‘Eres tan bueno como ella. ¿Te gusta mi polla?’. Asiento. Corazón a mil.
‘Vas a tener tu fiesta’. A cuatro patas yo ahora. Ella me lame el culo. Lengua en el ano. Me excita. Se lubrica solo. Dos dedos dentro. ‘Le encanta. Mira cómo se abre’. ‘Trae los godes’. Él me aprieta la nuca. Me la mete hasta el fondo. Ella vuelve con juguetes. Vibradores. Me penetra fácil. Va y viene. Gemidos ahogados en la boca de Marc. Reviso el culo. Me ofrezco. Lengua en su glande.
Él se tumba. Culito en su boca. Me lame adentro. Me mete un godemiché negro enorme. Le chupo la polla. Christine se pone el arnés. Le mamo la prótesis. Culo dilatado. Jugo chorreando. Ella detrás. Me folla. Alternan. Más rápido. Más fuerte. Grito cuando meten dos a la vez. Dolor vivo. Eclatado. Se quedan quietos. Ella me acaricia la espalda. Él me lame la polla. Besos en el cuello. Frío. Calor. Me relajo. Dulce quemazón en el vientre. Ondeo. Empiezan suave. Me liman. Turnos profundos. ‘¡Destruidme!’. Aceleran. Sin piedad. Erección brutal.
La Huella: El vacío dulce tras la entrega total
Marc debajo. Pecho contra pecho. Me empalo en su polla. Hasta las bolas. Culo abierto, baboso. Christine nos besa. Me la mama. Subo y bajo. Me pela los pezones. Viene dentro. Le aprieto las huevos. Eyaculo en su boca.
Ducha. Champagne. Reposo. Ahora ella. Suavidad. No le follábamos el culo. Besos calientes. Lenguas por todo. Axilas. Muslos. Rodillas. Ombligo. Nuca. Orejas. Boca. Ano. Pies. Sin tocar su coño. Se retuerce. Busca. Languidece. Labios hinchados. Cyprine goteando. Pezones de acero. Mordiscos. Gritos. Piernas abiertas. Calor en celo. Marc entra de golpe. Sale. Yo. Dos embestidas. Fuera. Se arquea. Nos busca. Gime. ‘¡Cabrónes!’. Convulsiona. Reiniciamos. Tres horas así.
Por fin, la labouramos. Orgasmes la invaden. Nos turnamos. Hurle. Se licua. Eyaculamos en su vientre. Primera noche de sexo los tres.
Esa doble penetración rompió algo. Inocencia ida. Culo marcado. Placer nuevo. Marc me conocía desde los quince. Me desvirgó a los diecisiete. Pero con Christine, otro nivel. Dos años así. Complices. Amigos. Amantes. Ahora, cuarentón en Rennes. Vida tranquila. Ellos casados en París. Yo, padrino de su hija. Secretos guardados. Esposa ignora. Nostalgia me quema. Me abro el culo con verduras. Masturbo escondido. ¿Volveré?