Estaba en la sala de cine, al fondo, sola después de que mi marido se largara enfadado. El filme era una porquería erótica, Alicia pavoneándose en pantalla. Mi corazón latía fuerte. Nervios. Sudor en las palmas. ¿Qué coño hacía allí? Su mano en mi hombro me pilló desprevenida. Me giré furiosa, lista para gritar. Pero era ella. Una mujer menuda, sonrisa pícara, ojos que perforaban. Clin d’œil cómplice. ‘Los hombres, todos iguales’, parecía decir. Me desarmó. Tragué saliva. Su aliento cálido en mi nuca. Intenté apartarla. Débil. Muy débil. Sus dedos finos, uñas rojas, se colaron bajo mi blusa. Temblé. El corazón me iba a estallar. Miedo y ganas revueltas. Nunca una mujer me había tocado así. Pulso acelerado. Pezones duros como piedras. ‘Por favor…’, susurré. ¿Para que parara? ¿Para que siguiera? Su lengua en mi oreja. Jadeé. Bajo la chaqueta, mi mano se metió sola en mis bragas. Húmeda. Empapada. Me mordí el labio. Ella olfateó mis dedos, los chupó. Olía a sexo. A mí. Pubis lanzado hacia adelante, rogando. Me dejó al borde, con una nota: ’20h, bar Hilton’. Beso de labios en el papel. Salí temblando. No iría. Mentira.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

El bar del Hilton. Vestida como puta, falda corta, medias. Vergüenza quemándome. La vi al fondo, elegante, sonriendo. Me besó delante de todos. Boca caliente, lengua invasora. Me empujó al sofá. ‘Sabes a qué vienes. A follar con una mujer’. Rubor. Piernas cruzadas, descruzadas. ‘Quítate las bragas’. En el baño, empapadas. Las dejé en su mano. Confianza nueva. ‘Habitación 327’. Subí. Puerta abierta. Luz naranja. ‘No te gires. Abre las piernas’. Sus uñas en mis nalgas. ‘Tócate’. Dudé. Obedecí. Dedos en mi coño, resbaladizo. Gemí. Tres dedos. Vibraba. Casi corro. ‘Para’. Me arrodillé. Lamí su humedad. Salada, intensa. La desnudé. Cuerpo opalino, tetas firmes. Lenguas enredadas. Mordidas. Nos revolcamos. Su coño en mi cara. Bebí su néctar. Pubis chocando. Gritos. Orgasmo tras orgasmo. Espejo: vi a una zorra pelirroja, no a mí. Cabalgué su rostro. Dedos en mi culo. Explosión. Sudor, fluidos. Perdí la cuenta.

La aproximación: nervios y deseo en la penumbra

Después, en la cama revuelta. Cuerpo laxo, satisfecho. Inocencia rota. Nunca más la misma. Esa noche, una desconocida me abrió al placer femenino. Nervios iniciales, ahora recuerdo como éxtasis. Vida nueva. Pasiones auténticas. Ella se fue. Yo, transformada. Cada roce, maladroite al principio, fue fuego. Tensiones que estallaron. Fin de la Mylène aburrida. Nacimiento de la libre.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *