En la habitación de Meryem. Como cada mes, Yasmine y yo teníamos nuestra cita para depilarnos mutuamente. Sus padres y hermanos fuera, horas de paz. Ella llegó con el pelo húmedo, brillante. Yo, recién salida de la ducha, solo con bragas, vaqueros y camiseta. Puso música fuerte. Bailamos un poco. ‘Ponla más alta’, dije. ‘La casa es nuestra’.
Me temblaban las manos al calentar la cera. ‘Desnúdate, te toca primero’, le ordené. Se quitó la djellaba. Debajo, camiseta corta, ajustada, pantalón ceñido. ‘¿De dónde sacaste esa camiseta?’, pregunté. ‘Dos tallas menos, ¿sexy, no?’. Sí, lo era. Sus formas resaltaban. Sin sujetador. Sus pechos firmes. Me miró mientras los sopesaba. ‘Se mantienen bien, ¿verdad?’. Tragué saliva.
La Aproximación: Espera, miedo y deseo
Empecé por las axilas. Levantó los brazos. La cera quemaba. ‘¡Auch!’. Tiré. Gritos cortos. Luego piernas. Se quitó el pantalón despacio. La puse sobre mis rodillas. Subí por la pantorrilla, muslo. Se tensó cerca de la ingle. Culotte blanca, simple. ‘Quítatela para el bikini’. Se tendió desnuda. Yo ruborizada. ‘¿Qué estilo? ¿Integral?’. ‘Sí, lo que prefieren los hombres’.
Extendí cera en el monte de Venus. Arrancé. Sus gritos me excitaban. Apoyé la mano en la piel ardiente, labios mayores. Placer extraño. La puse a cuatro patas. ‘No abuses’, bromeó. Sus nalgas perfectas. Temblé al untar entre ellas. Evité el ano, pero lo miré. Arrancé. Su ano se contrajo. Masajeé más de lo necesario. No dijo nada. Crema generosa. Sensual. ‘Quédate desnuda’, pidió. Me quité la camiseta. Mis pezones duros. ‘Hace calor aquí’, guiñó.
El Instante: Descubrimiento físico y éxtasis
Mi turno. Axilas rápidas. Piernas. Cerca de mi entrepierna, noté mi humedad. Culotte transparente. Me desnudé. Me tendí, piernas cerradas. Integral. Extendió cera. Dolor exquisito. Clítoris hinchado. ‘Ecarte las piernas’. Tocó mis labios húmedos. Limpió con toalla, sin comentario. A cuatro patas. ‘Ecarte más’. Me abrí. Aire fresco en mi sexo. Su aliento caliente. Extendió cera en perineo, ano. Arrancó. Dedos calmaban, quemaban de placer.
‘Quédate así’. Crema en todo. Masaje lento. Pubis, muslos. Me cambré. De pronto, no dedos. Carne húmeda. Su lengua en mi raja. Sorprendida, gemí. ‘¡Mmm!’. Malhabile al principio. Lamía clítoris. Saqué el botón. Temblores. Bajó al coño, chocó con himen. Subió al perineo. Gemí más. Luego ano. Asco y placer. Lengua alrededor. Entró suave. ‘¡Oh sí, métela!’. Palabras sucias mías. La empujó. Mini polla viva.
Volvió al clítoris. Dedo en ano. Fácil entrada. Lamidas frenéticas. Orgasmo brutal. ‘¡Aaaah! ¡Síiii!’. Temblores. Caí. Dedo salió lento. Se levantó. Sonrisa. ‘Ahora tú’. Fin de mi inocencia. Mundo nuevo. Nervios rotos en éxtasis. Temblaba aún. ¿Qué seguía?