Estábamos en la oficina. El rumor del sondaje sobre pollas en erección corría como pólvora. La foto número seis me obsesionaba. Esa verga gruesa, larga, con glande prominente. Veinte centímetros fáciles. Mi compañero de informática, un tipo majo, soltero, me lo confesó. ‘Soy yo’, dijo. Reí. No lo creí. ‘Ven a los baños de mujeres. Te enseño’. El corazón me latía fuerte. Miedo. ¿Y si nos pillan? Soy casada, madre. Nunca mezclo trabajo y placer. Pero la curiosidad ardía. Deseo prohibido. Caminamos por el pasillo. Vacío. Entramos. Puerta cerrada. Temblaba. Manos sudadas. Él serio. Yo sentada en la taza, falda subida un poco. Espera eterna. Miradas. Silencio pesado.

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Bajó el pantalón. Lento. Calzoncillo ancho. Salió semierecta. Dios. Más grande que al reposo. Pesada. Venas marcadas. Glans rosado, hinchado. Se irguió sola. Ante mis ojos. Tremenda. Más que en la foto. ‘Tócala’, murmuró. Negué. Pero la mano fue sola. Piel caliente. Pulsante. Gruesa como mi muñeca. La apreté. Dura como hierro. Él gimió. Nervios míos explotando. Excitación pura. Primera vez tocando algo así. Mi marido, normalito. Esto, bestia. La moví. Arriba abajo. Maladroite al principio. Dedos torpes. Pero aprendí rápido. Él jadeaba. ‘Chúpala’. Boca seca. Abrí. Glans enorme. Empujé. Dientes rozando. Él gruñó. ‘Cuidado’. Lamí. Salado. Venoso. Entró poco. Estiré labios. Casi ahogo. Pero excitante. Malestar dulce. Bombeé. Lengua girando. Él manos en mi pelo. Empujando suave. Ritmo. Sudor. Olor macho. Mi coño mojado. Bragas empapadas.

La aproximación: espera, miedo y deseo

Aceleró. ‘Me corro’. Intenté apartar. Tarde. Explosión. Chorros calientes. Boca llena. Goteo por comisuras. Tragué. Amargo. Mucho. Salpicó vestido. Pelo. Gemí. Vibrando. Él convulso. Sacudiéndose. Vacío. Salió. Brillante. Saliva y semen. Yo jadeante. Labios hinchados. Sabor persistente. Miradas. Culpa fugaz. Pero euforia. ‘¿Convencida?’, sonrió. Asentí. Temblando aún.

Fuimos al hotel esa tarde. Tres veces más. Adicta. Me follaba profundo. Dolor inicial. Luego olas. Mejor que mi marido. Sabía usarla. Posturas nuevas. Gemía sin control. Pero esa primera, en baños, fue la ruptura. Inocencia ida. Cuerpo despierto. Ahora, recuerdo. Nervios dulces. Excitación eterna. Cambió todo. Arriesgué matrimonio. Vale la pena.

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