En la alcoba de Madame, esa noche fría. El aire olía a ungüentos y a sexo reciente. Marie yacía boca abajo, desnuda sobre las sábanas. Sus nalgas rojas, marcadas por las palmas y dedos de Raoul. Golpes furiosos que yo acababa de presenciar en el comedor. Mi corazón latía fuerte. Nervios en el estómago. Manos temblorosas al untar el bálsamo calmante.
Yo masajeaba despacio. Piel caliente bajo mis dedos. Esas huellas digitales me hipnotizaban. Un picor extraño en mi bajo vientre. Calor subiendo. Sudor en la nuca. Nunca había sentido eso por una mujer. Miedo a equivocarme. Deseo confuso bullendo. Sus gemidos suaves me aceleraban. ¿Qué me pasaba? Mi respiración agitada. Dedos resbalando por la carne suave. La raya entre nalgas me atraía. Inevitable. Nerviosa, seguí el surco. Hacia abajo. Hacia lo prohibido.
La aproximación temblorosa
El instante llegó de golpe. Mi dedo mayor rozó su vulva húmeda. Caliente, abierta. Resbaladiza por los jugos de ellos dos. Marie se tensó. Se irguió sobre un codo. Ojos furiosos clavados en mí. Retiré la mano. Vergüenza ardiente en las mejillas. ‘Perdón, Madame’, murmuré. Mirada al suelo. Corazón en la garganta. Esperando el castigo. Pero ella no gritó. Su mirada cambió. Interrogante. Luego, interesada. Abrió las piernas más. Cabeza de nuevo en la almohada. ‘Continúa’, susurró.
El instante brutal del descubrimiento
No entendía. Parada allí, rígida. Ella abrió un ojo. ‘¡Continúa, tonta!’. Volví al lecho. Manos temblando más. Masajeé nalgas. Pero ella quería más. Agarró mi muñeca. Guió mi dedo dentro. Fácil. Su coño chupó mi intruso. Gime fuerte. Presión en mi brazo. Uñas clavándose en mi piel. Dolor agudo. Pero seguí moviendo. Dentro y fuera. Mezcla de sus humores y la leche de Raoul. Salado, espeso. Mi propia entrepierna palpitaba. Calor insoportable.
Marie se arqueó. Tembló. Gritó su goce. Cayó exhausta. Yo, frustrada, al lado del lecho. Ella me miró benigna. ‘Vete a dormir’. Pero insistí en peinarla. ‘No. Mañana despiertas a Monsieur’. Salí. Corazón desbocado. Sabor en la boca. Imágenes en bucle. Sus nalgas marcadas. Mi dedo en ella. Primera vez tocando así a una mujer. Inocencia rota. Mundo nuevo abierto. Nervios y excitación mezclados. Frustración profunda en mi sexo. Esa noche no dormí. Tocándome a oscuras. Pensando en lo desconocido. En lo que acababa de nacer.