La sala de musculación olía a sudor y goma. Las luces tenues, la puerta entreabierta. Esperé a que las otras salieran, corazón latiendo como un tambor. Sudaba aún del spinning, el coño palpitante por las vibraciones del bici 13. Nervios me traicionaban: manos húmedas, piernas flojas. ¿Y si me pillan? ¿Y si Marcel se entera? Pero el deseo ardía, desconocido, prohibido. Rocky dentro, desnudo, piel bronceada, músculos tensos, polla colgando gruesa. Empujé la puerta. ‘Monsieur Rocky, esta sesión me ha vuelto loca. Necesito un hombre de verdad, ahora’. Voz ronca, temblorosa. Él sonrió, vicioso. ‘Madame Thérèse, qué fiebre la que le HABITA. Estoy CONquistado’. Me acerqué, oliendo su macho. Inocencia resquebrajándose.
Sus manos me desvistieron rápido. Caí sobre el trampolín, elástico bajo mi culo desnudo. ‘Abre bien las piernas’. Su verga dura, apuntando. Nervios en el estómago, excitación mojando todo. Entró de golpe, profundo, inflexible. ‘¡Siente cómo te la clavo!’. Grité, mezcla de dolor y placer virgen. Empezó a saltar: dzouing, han, ouh. Cada rebote lo hundía más, golpeando el fondo. Sudor goteando, pechos botando. ‘¡Salta más fuerte!’. El trampolín rugía, mi coño chupándolo. Temblores subiendo, nervios disolviéndose en éxtasis. Agarré sus hombros, piernas enroscadas. Saltos locos: badadouing, swip-chlop. Culbutes aéreas, polla girando dentro. ‘¡Rhouiaaaaaa!’. Orgasmo brutal, cuerpo inerte, ojos en blanco. Él sacó: ziiiip-glourch. Lengua en mi clítoris: lap-lip. Volví en sí, delirante.
La aproximación: espera temblorosa y deseo prohibido
Después, extática, floja como gelatina. Él me dio su polla: ‘Chúpala, mama fuerte’. Boca llena, salada, manos en huevos. Presioné, sacudí. Eyaculó cremoso, tragué, vivificante. ‘Chuis aux anges’. Inocencia hecha trizas. Salí temblando, coño adolorido, sonrisa secreta. Nuevo horizonte abierto: infidelidad adictiva, placer crudo. Marcel ni idea. Yo, cambiada para siempre.