Estábamos en mi habitación de la vieja casa en la Isla de Ré. El calor del verano pegaba en las paredes. Francine y yo solos. Hablábamos bajito. De cambios en el cuerpo. De pelos nuevos. Bajo la nariz. Bajo el ombligo. Nervios me comían vivo. ¿Mostrarme? ¿Dejarla ver? El corazón latía fuerte. Sudor en las palmas. Ella sonreía. Picara. ‘Fais voir’, dijo. Bajé el short. El slip. Todo de golpe. Su ‘¡Pitain!’ me erizó. Mi polla tiesa. Crecía bajo su mirada. ‘¿Puedo tocar?’. Asentí. Tragando saliva. Sus dedos frescos rozaron. Temblé. Maladroite. Pero excitante. ‘Ahora tú’. Se quitó la braguita. Pelos finos. Labios rosados. ‘¡Rhôôôh! Qué bonita es una chica’. Quería más. ‘Muéstrame tus tetas’. Levantó la camiseta. Pechos firmes. Pezones duros. Toqué. Suaves como seda. ‘¡Hsssss!’. Sensible. Gemí. La piel olía dulce. Sus bolas subían. Bajaban. ‘¿Normal?’. No sabíamos. Solo sentíamos. Calor subía. Entre mis piernas ardía. Ella abrió las piernas. Mojada. Brillante. ‘¿Pipí?’. No. Pegajoso. Dulce. Mi mano en su coño. Dedos resbalaban. Ella jadeaba. Nerviosa. Excitada. Yo igual. Primeras caricias. Torpes. Intensos. El aire cargado. Cuerpos cerca. Desnudos. Vulnerables. Su mano en mi verga. Arriba. Abajo. Rápido. Lento. ‘Me haces bien’. Mucho bien. Tensión crecía. Inevitable. Explosión cerca. Sus ojos fijos en mí. Míos en ella. El mundo se reducía a eso. A nosotros. Dos niños grandes. Descubriendo fuego.

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Sus dedos apretaron. Mi polla palpitaba. ‘¡Mira cómo crece!’. La suya chorreaba. Dedo dentro. Fuera. Ella se arqueó. ‘¡Sigue!’. Malabares. Sudor. Respiraciones cortas. Pechos en mi boca. Chupé. Mordí suave. Gimió fuerte. ‘¡Sí!’. Mi mano libre en sus nalgas. Redondas. Firmes. La besé. Boca. Lengua torpe. Primera vez. Saliva mezclada. Cuerpos pegados. Piel contra piel. Mi verga rozaba su muslo. Mojado. Caliente. Ella me masturbaba fuerte. Yo frotaba su clítoris. Pequeño. Duro. ‘¡Voy a…!’. No terminó. Convulsiones. Líquido caliente en su mano. Mi semen. Blanco. Pegajoso. Chorros. Sobre su vientre. Ella rió. Nerviosa. Yo temblaba. Vacío. Pleno. Sus ojos brillaban. ‘¿Ves? No duele’. Limpieza rápida. Toalla. Risas. Pero el fuego ardía aún.

La aproximación: espera y temor mezclado con deseo

Después, silencio. Cuerpos relajados. Sudor secándose. Inocencia rota. Para siempre. Miré su cuerpo. Marcas rojas de mis dedos. Ella tocó mi pecho. Suave. ‘Ha sido… guay’. Sí. Guay. Pero cambiado todo. Ya no éramos niños. Primos inocentes. Ahora cómplices. Secretos compartidos. Miedo a padres. A hermanas. Pero placer mayor. Corazón calmado. Sonrisa tonta. ‘Mañana más?’. Asentí. Adentro, vacío dulce. Afuera, mar susurraba. Isla de Ré testigo. Fin de pureza. Inicio de algo prohibido. Nervioso. Excitante. Nuestro.

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