Estábamos en nuestro nuevo apartamento, sin muebles. Solo el parquet desnudo bajo nuestros pies. Laure y yo, después de años. Mi corazón latía fuerte. Recordaba el bal chapiteau, su cumpleaños número dieciocho. La dejé sola un instante para comprar una bebida. Volví y ella había desaparecido. Su bicicleta seguía allí, junto a la mía. Un amigo la vio subir a un 2CV. Me acerqué. La carrocería se movía. Roulis y tangage. En el asiento trasero, el vestido claro de Laure. Montaba las caderas de un desconocido. Subía y bajaba como en un caballo de feria. Brazos alrededor de su cuello. Cabeza sobre su hombro. Boca abierta, jadeos cortos. Ojos desorbitados. Me vio pegado al cristal. Me miró fija, pero no paró. Las manos del tipo en sus caderas la alzaban y bajaban. Dolor o placer en su rostro. Lágrimas. Corrí, pedaleé furioso. Aquella noche debía ser nuestra primera vez. Promesas eternas rotas.
Años después, todo cambió. Aparqué el coche de la empresa ante el banco. Vi a un pareja contra el auto delantero. Mujer en vestido ligero, ondulando bajo manos gruesas en su cintura. Cabeza frisée hacia atrás, besos. Cuenca contra vientre masculino. Pierna entre sus rodillas. Frotándose el sexo en su muslo. Erección mía al instante. Era mi mujer, Émilie. Con un tal Marcel. Mañana en casa, 3 rue Mozart. Mi hogar. La seguí. Él abrazó a la carnicera. Luego entró en un edificio. Laure abrió la ventana. Mi primer amor. Subí con excusa de encuesta. Nos reconocimos. Besos en mejillas. Recordamos caricias adolescentes. Sus pechos bajo mis manos. Su clítoris hinchándose. Suspiros míos a los 17. Pero ella me traicionó esa noche en el 2CV. Ahora divorciada, con Marcel el boucher infiel.
La Aproximación: Nervios y Ansia
Descubrí a Émilie con él en casa. Los espié desde la bodega. Sus diálogos crudos. ‘Qué polla más grande’. Felación experta. A cuatro patas. Golpes brutales. ‘Báilame más fuerte’. Él la llamaba vaca, cerda. Eyaculó en su espalda. Planeaban anal. La seguí usando. Esa noche la follé salvaje, imitando al toro. Pero decidí dejarla. Encontré piso. Fui a Laure. ‘¿Quieres de mí?’. Lloró, aceptó. Día libre. Compramos cama, mesa. Entramos al vacío hogar. Nervios juveniles revividos. Espera en el bar. Sus manos temblaban en las mías. Subimos. Puerta cierra. Beso casto como antaño. Se pega a mí. Llora. Yo lloro. La desnudo torpe. Más carne ahora, pero hermosa. Sus pechos maduros. Pubis suave. Mi polla erecta, maladroite en su mano. ‘Te deseo desde siempre’. Nos tumbamos en el parquet frío. Piernas abiertas. Su coño húmedo invita. Empujo despacio. Cabeza en su cuello. Nervios me aprietan estómago. Excitación del inconnu. Primera vez real. Su interior cálido me envuelve. Maliciosa torpeza. Ritmo inseguro. Gime bajito. ‘Más adentro, amor’. Sudor perla pieles. Tensión sube. Caderas chocan. Sus uñas en mi espalda. Ojos cerrados. Aliento entrecortado. La penetro hondo, primera vez completa. No caresses, sino unión bíblica. Su clítoris palpita bajo mi pubis. Acelero. Ella aprieta piernas. ‘Ven, lléname’. Explosión. Semen caliente en ella. No retiro. Abrazo eterno. Lágrimas felices.
Inocencia rota de nuevo, pero sanadora. Émilie era fuego falso. Marcel la deshonró. Huissier pilló su segunda follada anal. Vergüenza pública. Yo libre. Laure y yo, nuevos horizontes. Aquel parquet grabó nuestra marca. Nervios iniciales, placer puro. Vida renace.