Ese día sequé las clases. Decidí ordenar el armario olvidado. Olía a polvo y recuerdos rancios. Subí a una silla vieja para alcanzar la última estantería. Agarré una caja grande. La silla crujió. Un pie se rompió. Caí de culo. La caja estalló. Fotos antiguas volaron por todas partes.
Recogí el desastre. Viajes a la costa. Fiestas con amigos. Un viaje a Alemania. De repente, una foto me paró en seco. Formas enredadas. Mi Fred, desnudo, con una mujer de curvas hipnóticas. Cabello negro volando. Busqué más. Ahí estaba Sandra. Fotos de Fred con ella. Compartiéndola con otro hombre. Con otra mujer. Posiciones salvajes. Detalles crudos. Mi corazón latió fuerte. Calor subió por mi vientre. Me senté en el suelo, piernas cruzadas. Rodeada de imágenes. Sudaba. El top azul me ahogaba. Quité el chaleco. Agité la mano como abanico. ¿Por qué no dejé los pechos al aire?
La aproximación: espera, miedo y deseo
Estudié las luces en sus cuerpos. Pelo pegado a la frente. Bajé las tiras del top. Se quedó colgando en mis tetas. Volví a las fotos. Demasiado calor. Me lo quité. Recogí las buenas. Subí al dormitorio. Dejé el paquete en la cama. El vaquero apretaba. Me lo arranqué. Quedé en sujetador y tanga blancos. Ojos clavados en escenas ardientes. Nunca necesité porno. Pero esto… Ver a Fred con otra. Mano en el sujetador. Jugué con el pezón duro. Lo pellizqué. Desperté. Lo necesitaba. Más que nunca.
Mano en la braguita. Coño húmedo. Empecé suave. Luego seria. Desabroché el sujetador. Tetas libres. Las masajeé. Lamió una punta. A cuatro patas. Dedo explorando mi intimidad. Bajo mi cabeza, una foto. Imaginé sus gritos. El crujir de la cama. Yo mirando desde la sombra. Ojos abiertos. Grité suave. Dos dedos dentro. Los saqué. Chorro en el tanga. Rodillas arriba. Dedos a la boca. Saboreé mi jugo. «¡Qué puta eres!». No convencida.
El instante: contacto físico brutal y éxtasis
Diez minutos después, masturbación bajo la ducha. Encontré dirección en una foto. Sandra cerca. Guardé las fotos en mi cajón de lencería. Fred no miraría ahí. Aunque le encantaba. Cuando volvió, cena romántica. Vestido vaporoso. Body negro plateado. Lo besé. Cené poco. Imaginaba tríos. Orgasmos en mi cabeza. Levanté. Body revelado. De rodillas. Ceñí su polla dura. Lengüetazo en el glande. Chupé todo. Casi corre. Contra la pared. Pierna arriba. Polla golpeando mi entrepierna. Besos salvajes.
Bajó el body. Tetas libres. Las lamió. Mordió. Dedo en mi culo mojado. Escaleras arriba. Zip del body abajo. Camisa rota. Frotes. Boca en mi coño. Dos dedos. «¡Fóllame ya!». Entró brutal. Gritos. Eyaculó fuera. Semen en mi lengua. Dormimos pegados.
Tres horas después, desperté. Bajé en braga lila. Limpié. ¿Por qué tan cachonda? Sandra en mi mente. Minitel. Su dirección. Baño. Gel en dedos. Marca de dientes en teta. Gel en pechos. Tetas duras. Mano en braga. Dedo con gel dentro. Placer instantáneo. Placard. Godemiché rojo. Chupado. Por tetas. Dentro. Bombeé fuerte. Mordí lengua. Orgasmo mudo. Limpié. Volví a cama. Aliviada. Inocencia rota. Nuevos horizontes abiertos. Nervios y deseo eterno.