Estaba en la sala de espera del consultorio. Primavera temprana. Luz suave entrando por la ventana. Mi pierna dolía, una lesión que no sanaba. Tomé el turno de mi esposa sin avisar. Nervios. ¿Y si me pillan? Pero excitación también. Me gustaba ir a verla. Mi doctora. Pelo salpimentado en coleta. Blusa holgada, formas generosas. A contraluz, casi transparente. Sonreí.

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Me llamó pronto. ‘¡Hola señora!’, bromeó al verme. Reí. ‘Sí, tomé el lugar de mi mujer. Pensé venir en medias negras y lencería, pero sería demasiado’. Ella miró alrededor. ‘Menos mal que no hay nadie…’. En el consultorio: ‘Esa ropa no me molestaría’. ‘¡Cuidado, lo tomo al pie de la letra!’. Charlamos. Parecía cansada. Presión laboral. ‘Debo bajar el ritmo’. La pesé. Descalzo. ‘Has ganado un poco. Bien’. Soy delgado, musculoso por las montañas. Me quité la camisa y pantalón. Solo en slip. ‘Mi báscula marca un kilo más’. Me miró de arriba abajo. Sentí sus ojos. Me giré. ‘Estás en forma para los cincuenta’, dijo sonriendo. ‘Imaginaba las medias…’. ‘Entonces, para animarte, seré tu stripper hoy’. Se rió. ‘Los chippendales tienen más músculo’. Fingí ofensa. ‘Iba a quitarlo todo…’. ‘¡Yo te tomo la palabra!’. La miré fijo. ‘¡A ver!’. Bajé el slip. Desnudo. Pavoneándome. ‘¡Conozco a tu esposa!’, rió. ‘¡Deber cívico, don de mi cuerpo a la ciencia!’. Mi polla se hinchaba. ‘Te inspira. Mira cómo crece’. ‘Quédate así mientras actualizo tu ficha’. Posé cuando me miraba. Comenzó a gotear. Precum baveando del glande a la pierna. ‘Empiezo a mojarme’. ‘Recógelo con el dedo y lame. No lo manches todo’. Lo hice. Ella vio en la ficha: tacto rectal meses atrás. Sus ojos brillaron. Se puso guantes.

La aproximación: nervios y deseo en la sala de espera

‘Fin de bromas. Siéntate en la camilla. Inclínate. Abre las piernas’. Tono firme. Obedecí. Sorprendido. Se sentó entre mis muslos. Agarró mi polla semierecta. La meneó suave. Gimeé. Se endureció rápido. Glans espumoso de precum. Mojó su dedo índice. Frotó el glande. Más gemidos. Enrolló precum. Lo bajó a mis huevos, al culo. Masajeó el ano en círculos. Presionó. Entró una falange. Luego dos. Todo el dedo. Me pajeaba al mismo tiempo. Precum chorreaba. Lubrificaba. Fouillait sin piedad. Tomó más en el dedo mayor. Dos dedos juntos. Entraron fácil. Allers-retours largos en mi culo ofrecido. No hablaba. Solo gemía bajito. Nunca había mojado tanto. Era su juguete. Totalmente sumiso. Adoraba aquello. Miró el reloj. Tiempo acabado. Se retiró. Limpió sus dedos y mi raja. Dejó mi polla baveando. Se quitó los guantes. ‘Veintiséis euros cincuenta. ¿Tarjeta?’. Pagué desnudo. ‘Ponte la ropa, pero deja la polla al aire un rato más. Disfruto el espectáculo’.

Me vestí temblando. ‘Hay que vigilarte de cerca. No empeores’, con doble sentido. Al salir: ‘Ven con la lencería prometida’. Glande aún húmedo. Ella, alegre, llamó al siguiente. Esa primera penetración anal. Mi inocencia rota. Nuevo horizonte. Nervios convertidos en deseo eterno. Jamás igual.

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