En la habitación de Alona, todo empezó a arder. Recordaba esa mañana de domingo en Toulouse, frente a la puerta de Lingerie Demaison. Nervios en el estómago. ¿Qué escondía Lang? Soné el timbre. Subí las escaleras. Ella apareció. Magnífica. Silueta ondulante. Me invitó a pasar. Su pierna rozó la mía en el sofá. Tragué saliva. El corazón latiendo fuerte.
Sacar el post-it con su número. Llamé. Sonó su móvil. ¡Era ella! Lang. Ahora Anola. Lágrimas. Explicaciones. Dysphoria de género. Miedo al rechazo. La abracé. Mi mano rozó su pecho por accidente. Erección instantánea. Ella lo notó. Se fue al baño. Volvió maquillada. Se sentó en mis rodillas. Sus labios cerca. Dudé. Me acerqué. Nuestras lenguas se enredaron. Beso salvaje. Dulce. Mi polla dura como piedra. ¿Homo? No. Ella era una diosa. Sexy. Real.
La aproximación: nervios y deseo incontrolable
Sus pezones bajo la blusa. Los toqué. Suspiró. ‘Mejor en mi habitación’. Me llevó de la mano. Se quitó la ropa. Lencería violeta. Brillante. Dentelle negra. Cuerpo de muñeca. Pequeña. Curvas perfectas. Bajé su braga. Labios falsos de silicona. Su polla emergió. Creció. ‘Es mi clítoris grande’, dijo Mylène. La toqué. Sensible. Mi polla al aire. Dura. Innegable.
Me tumbó en la cama. Tomó mi glande en su boca. Lengua enrollada. Lento. Suave. Placer subiendo. Anneau con dedos. Me pajeó mientras chupaba. No resistí. Grité. Eyaculé en su boca. Salpicó su cara. Lágrimas. ‘Primera vez con un hombre’. Nerviosa. Inexperta. Maladroite. Pero excitante. Se limpió. Volvió. Serviette en la cama. ‘Entre mis muslos’. Lubrificante. Deslizó mi polla. Apreté sus tetas. Movimientos. Como follar un coño. Su mano en mi glande. Explosión. Semen en su mano.
El instante y la huella: placer crudo y fin de la inocencia
Otra serviette. A cuatro patas. Sus nalgas perfectas. Lubrificante. Dedos lentos. Preparé su ano. Paciente. Entré. Despacio. Calor. Apretado. Cooperante. Gimiendo. Mis manos en sus pechos. Follando. Profundo. Jugos juntos. Varias veces. Horas. Olvidamos el almuerzo. Pizza fría por la noche. Rosé. Más cama.
Al día siguiente, catástrofe. Realidad golpeó. Mi inocencia rota. No era solo sexo. Era amor. Confusión. Excitación nueva. Alona me había cambiado. Su fragilidad. Su poder. Ese primer contacto. Nervioso. Crudo. Inolvidable. Ya no era el chico del liceo. Descubrí horizontes prohibidos. Deseo por su cuerpo mixto. Tetras reales. Polla sensible. Ano virgen para mí. Fin de la pureza. Pero inicio de algo salvaje. Nervios eternos. Placer eterno.