Sigo a la soubrette por el pasillo. Me asombra mi poca resistencia a esta locura. Abre una puerta acolchada. Entro en una habitación monacal: una silla, un lit con sábanas lisas, una mesita con un antifaz negro. Espejos por todas partes, hasta el techo. Nada me distraerá.

Detrás, pregunta: ¿Cinco minutos o más? Mi voz blanca responde: Cinco bastan. La puerta cierra. El pánico me invade. Me miro en el espejo. No parezco puta. Solo una mujer elegante esperando a su amante.

La Aproximación: Espera y Tensión

Me pongo el antifaz. Elástico, perfecto. Oscuridad total. ¿Cegarme o enmascararme? Ambas. Toco el lit, me subo, me tumbo boca arriba. Sábanas frescas calman el fuego. ¿Abrir la chaqueta? ¿Abrir o cerrar piernas? Me agito nerviosa.

Pienso en el bosque. Caminando sola, piernas abiertas. Heces brotando. Olía a humus. De pronto, ganas de mear. Me agacho, bajo la braga. Se engancha en las ligas. Orino como Versalles. Dos leñadores aparecen, riendo. Golpean la puerta.

Quiero gritar: ¡Cinco minutos más! Pero elegí modo silencio. No respondo. La puerta se abre. Mi mundo bascula.

Todo empezó con Patricia, mi hermana. Me llamó monja a los 42. ‘Rulada como estás, solo con un tío es crimen’. Negué. Ella propuso un test: luces apagadas, yo imaginando a un desconocido. Manos en mi culo. Subieron falda, entraron en bragas. Temblé, abrí piernas. Luego pechos. Me mojé. Quería más. ‘No eres sosa, tienes brasas’, dijo oliendo su mano.

Quince días después, mi marido contó del candaulismo de un colega. Reactivó todo. Pregunté el sitio: ‘¡A su felicidad, señoras!’. Vídeos obsesionantes. Rellené formulario: dos hombres, pasiva, silencioso, antifaz, progresivo. Pagué.

Ahora, jadeo en el lit. Listos los dados. No hay vuelta atrás.

Los siento. Dos. Alrededor del lit. Me miden, se señalan. Nada pasa. Me impaciento. Quiero que me follen ya.

Uno se sienta. El colchón se hunde. Me deslizo hacia él. Mano en mi rodilla. Desconocida. Roza la seda del media. Picor sube por muslo. Gimo. Se mete entre piernas. Quiero piel desnuda arriba.

Otras manos en botones chaqueta. Bajo sujetador. Dedos en pezón. Otro en liga, tira elástico. Uñas cortas abajo, largas arriba. ¿Hombre y mujer? Me excita el miedo.

Toco mi vientre, bajo a pubis. Mano ajena la para, quita zapato. Cheville erógena. Chispas. Recuerdos: madre, marido.

Suben sujetador. Marcas rojas. Me siento frágil, puta a medias. Barba raspa. Dientes en teta. Mamada dura.

El Instante: Contacto Brutal y Placer

Manos everywhere. Falda arriba, liga negra en piel blanca. Palpa bragas, bajo elástico. Me arqueo. No me quita. Me frustra. Agarro slip, saco polla. La huelo, aprieto base, trago entera. Sabe viva.

Sueño museo: odaliscas, narguile chupado. Sombra se pajea. Lluvia, desnuda con medias. Semen volcán.

Segundo se desnuda. Dos pollas en manos. Alterno mamadas. Fragmentos: patas, trizas. Me excita el despiece.

Quiten bragas. Arqueo culo. Porta-ligas estorba. Muestran coño mojado. Lengua besa clítoris. Chorrea. Dedos en tetas y botón. Empujo cabeza.

Polla en boca, otra penetra lento. Preservativo. Me clavan doble. Pienso con coño. Piernas a hombros. Aceleran. Luces, gritos mudos.

Exploto. Me corro eterno. Caigo sorda.

Me ponen a cuatro. Tiro pelo, ‘¡ay!’. Para. Polla en culo duda. No digo sí. Vuelve a coño, fiero.

Bosque: leñadores me follan. Multitud mira tetas. Ondas orgasmo. No sodomía.

Big bang. Floto, me apago.

Se visten, se van. Estoy destrozada, recompuesta. ¿Salope? No traicioné. Abrí horizontes. Quiero más.

Quito antifaz. Habitación extraña. Me visto. En pasillo, pensaré en Patricia.

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