Estaba solo en el garaje. Calor sofocante de julio. Solo un short. Instalaba estanterías. El barrio vacío. Nervios por dentro. Siempre la veía: vecina de treinta, rubia, bronceada, elegante. Piernas largas, culo perfecto, tetas firmes. Vestía para matar, sin vulgaridad. Solo saludos. Hasta ayer.
Oí golpes en la puerta. Se coló sonriendo. ‘¿Molesta si miro? Quiero arreglar el nuestro’. Escarpines altos. Falda ceñida, abierta hasta la cadera. Nada debajo, se notaba el culo moldeado. Arriba, top ajustado. Pezones duros asomando. Mi polla se endureció al instante en el short.
La aproximación nerviosa
Hablamos. La miré de reojo. ‘No está mal’, dijo con sonrisa pícara. Mirada a mi bulto. ¿Al trabajo o a mí? ‘¿Mi top muy ajustado? No llevo ropa interior en verano. ¿Mis tetas demasiado grandes?’. El short se tensó más. Reí nervioso. ‘Perfectas, créeme, experto’.
‘¿Experto? ¿Qué talla llevo?’. ‘Al tacto lo sé’. Se pegó. Culo contra mi vientre. Tomó mis manos, las clavó en sus tetas. ‘Si aciertas, vas más allá’. Frotó su culo en mi polla dura. Malaxé pechos suaves. Agucé pezones hinchados. Ella gemía bajito, manos en mi espalda.
’95C’. ‘¡Ganaste!’. Mordí su oreja. Bajé a muslos. Suave, caliente, húmedo. Ella metió manos en mi short. Una me pajeaba lento, otra amasaba huevos, arañaba. Toqué su coño. Tiré clítoris. ‘Chúpamelo ya’.
Viejo bici estática. Subí falda. La senté al borde, pies en manillar. Entre piernas. Coño depilado, labios perfectos. Lamí raja. Abrí, chupé clítoris. Aspiré, mordí. Gemía fuerte. ‘Mete dedos’. Dos primero, astiqué duro. Corrió. Cuatro, luego puño entero. Se dilataba, empujaba cadera. ‘¡Joder, sí!’. Otro orgasmo.
‘Dame tu polla’. Puño dentro, se la traguó. Lamió glande, engulló, dientes en tronco. Calor subía. ‘Fóllame el coño’. Entre muslos. Agarré culo, abrió labios, masturbaba clítoris. Entré suave. Calor húmedo. ‘¡Duro! ¡Rómpeme!’.
El clímax y la huella eterna
Solté culo, manoseé tetas, embestí hasta fondo. Gritó. ‘¡Gorda, la noto! Más fuerte’. La taladré diez minutos. Gemidos, obscenidades al oído. Casi exploto. ‘Ahora el culo. Déjame montarte’.
Me puse en bici. Escupió saliva en raja, posó glande en ano. Bajó despacio, luego empalada. Grité placer. Agarré tetas enormes, pezones duros. Subía-bajaba, dedos en coño. ‘Mira, tu amigo’.
No vi entrar al vecino, mi colega. Ruido nos delató. ‘Hay sitio’, lamió labios. Él, polla gruesa como puño. Bajó short, la metió de golpe en coño. Yo en culo, él en chocho. La follábamos sincronizados. Corría sin parar, jugos en mis muslos.
‘Final especial’. Yo a horcajadas, paja española entre tetas. Él la follaba coño. Él eyaculó primero, chorros en boca, tragó sonriendo. Yo en tetas, ella me succionó, todo en garganta.
Se arregló. ‘Estuvo rico, chicos. Mi novio es nulo, pero le encanta verme chupar mientras me follan dos machos’. Pirueta, se fue. Quedamos atónitos. Apariencias engañan.
Aquella primera vez rompió todo. Inocencia ida. Nervios virgen convertidos en adicción. Aún tiemblo recordándolo. ¿Volverá? La espero.