Playa. Una cala escondida en la Costa Azul. Hacía una semana que Vanessa y yo holgazaneábamos en esa estación balnearia. Elegimos esta cala remota, lejos de turistas y niños gritones. Bajamos por un sendero empinado, maldiciendo mis ideas locas. El aire era suave, seco. Brisa juguetona levantaba mi pareo. Llevábamos todo: esterillas, toallas, sombreros, crema, libros, ensaladas, agua, frutas.

La cala era perfecta. Arena fina, rocas protegiéndola, árboles dando sombra. Desierta. Vanessa bromeaba sobre la falta de machos. Su galán de la semana pasada le hacía falta. Bajamos descalzos, el agua tentadora. Me bañé primero. Agua fresca al mediodía, pero el sol la calentaría pronto. Subí, me quité el top del bikini. Me unté aceite en hombros, cuello, pechos, vientre, ingles. Nos untamos las espaldas mutuamente. Cuerpos brillantes. Bajamos los slips al mínimo. Me tumbé boca arriba. Ella, boca abajo, con auriculares, dormida.

La aproximación: espera, miedo y deseo

Pensaba en el camarero de ojos avellana de la pizzería. Nos había indicado la cala. Sudor corría por mis axilas. Pereza de volver al agua. Ruido de guijarros. Susurros. Desperté a Vanessa. Espiamos desde nuestro promontorio rocoso. Una pareja bajaba riendo. Ella, morena bronceada, top diminuto y short cortísimo. Él, musculoso, barba incipiente, short tahitiano azul, torso desnudo. Se instalaron, corrieron al agua. Ella se quitó el short: tanga minúscula. Jugaban, se abrazaban, besaban. Manos en culos. La levantó, piernas alrededor de sus caderas.

Vanessa glosó, guiño pícaro. ¿Hasta dónde? Volvieron a la arena. Cara a cara, caricias. Le quitó el top. Mano en la tanga, por la raja. Se desnudaron. Vimos su polla dura, grande. Me mojé. Vanessa me miró, risa ahogada. Ella lo tumbó. Besos en torso, polla. Chupaba experta, él gemía.

Sentí mano de Vanessa en mis riñones. Negación muda. Bajó al culo. Gemí bajo. Piernas abiertas. Miré abajo: ella chupaba voraz. Vanessa me besó. Boca fresca, dulce. Primera vez besando a una chica. A ella. Cabeza gira. Manos admiradas siempre. No celos, deseo.

Abajo, ella lo montaba. Polla en raja. Él dudaba: ¿primera vez aquí? Ella valiente, virgen audaz. La levantó. Guió polla. Bajó lenta. Grito al romper himen. Pausa. Ansiedad en sus ojos. Toda dentro. Ondea, goza. Él aguanta. Ella primero. Gime corto, arquea.

El instante: contacto brutal y éxtasis

Dedos de Vanessa en mi coño húmedo. Maior electriza. Deliro. Ritmo suyo, mío. Bajo, ella corre. Él eyacula ronco. Yo exploto. Grito agudo. Tiemblo. Ella me tapa boca, ríe.

Ellos huyen desnudos, riendo. Yo jadeo, post-or gasmo. Playa nuestra. Huellas en arena. Vanessa besa. Día eterno.

Esperaba lo peor, lo mejor. Miedo a lo nuevo. Deseo crecía con cada caricia vista. Nervios en estómago. ¿Y si me rechaza? Mano suya tibia. Temblor. Excita lo torpe. Susurros mudos. Ojos fijos en polla entrando. Mi virginidad lésbica al borde.

Contacto brutal. Dedos invaden. Húmeda, lista. Maior roza clítoris. Jadeo. Boca suya devora. Lengua explora. Pechos rozan. Sudor mezcla. Bajo, himen rasga. Dolor ajeno me excita. Mi clítoris pulsa. Piernas tiemblan. No aguanto. Explosión.

Después, inocencia ida. Cuerpo laxo. Ojos abiertos nuevos. Beso tierno. Risa compartida. Playa testigo. Horizonte abierto. Nervios disipados. Placer descubierto. Día brilla más. Ella sonríe. Yo, transformada.

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