Tercer piso, al fondo del pasillo. El corazón me latía como un tambor desbocado. Sudaba. Las manos temblorosas. ¿Qué coño hacía yo aquí? Blandine. Esa chica que me obsesionaba desde la clase de gym. Sus tetas pequeñas brincando sin sujetador. Su cabeza rapada, aros en la nariz, acné en la cara pálida. Jogging holgado como sacos de patatas. Gruñía siempre. Nadie la tocaba. Yo tampoco debería. Pero después de husmear en la habitación de Bernadette, sus juguetes lesbianos, sus cartas calientes… algo se rompió en mí. Tenía que actuar. Primera vez en mi vida.
Subí las escaleras despacio. Cada peldaño un nudo en la garganta. La seguí esa mañana desde la ventana del bar. No, espera. Esa tarde, después de leer sus secretos. El aire olía a humedad vieja. Puertas cerradas. Ruido lejano de tele. Llego a su puerta. Gris, desconchada. Timbre sucio. Aprieto. Silencio eterno. Mi mente en blanco. Solo imágenes: sus pezones duros bajo la camiseta. Su mirada mala, como si odiara al mundo. Y a mí. ¿Me trataría como mierda? Mejor eso que nada.
La aproximación: miedo y deseo en las escaleras
La voz ronca al interfono: ‘¿Sí?’. ‘Nicolas’, murmuro. Pausa. Eternidad. Griiiis. Puerta abierta. Subo. Piernas de gelatina. Puerta entreabierta. Entro. Oscuridad. Olor a tabaco y sudor. Blandine ahí. Sentada en el sofá raído. Piernas abiertas en jogging ancho. Camiseta ajustada. Sin bra. Se ven los pezones. Fuma. Me mira fijo. Ojos negros. Hostiles. ‘¿Qué quieres, pringao?’, gruñe. Me acerco. Temblando. ‘Yo… te vi en gym. No puedo dejar de pensar en ti’. Risa áspera. ‘¿En mis tetas?’. Asiento. Rojo como tomate. Ella tira el cigarro. Se levanta. Alta. Fuerte. Me agarra la camiseta. Tira. Caigo de rodillas. Frente a su entrepierna. Olor fuerte. Excitation mezclada con pánico.
El instante y la huella: del contacto al fin de la inocencia
Sus manos en mi cabeza. Rapada como la suya. Me empuja contra su coño. A través del jogging. Huele a excitada. Mojada. ‘Chúpame, si eres tan valiente’. Bajo el pantalón. Nada debajo. Coño peludo. Labios hinchados. Clítoris grande. Le lamo. Torpe al principio. Salado. Ella gime bajo. ‘Más adentro, idiota’. Meto lengua. Sabe a todo. Sudor, orina vieja, deseo puro. Me excito. Polla dura en el pantalón. Ella me arrastra al suelo. Alfombra sucia. Me quita todo. Mi cuerpo flaco expuesto. Ríe. ‘Virginal, ¿eh?’. Me monta. Coño apretado bajando sobre mi polla. Primera penetración real. Dolor y placer. Nervios. Mueve caderas violentas. Pechos pequeños rebotando. Mordiscos en cuello. Gruñidos. ‘Fóllame fuerte’. Empujo. Maladroito. Sudor. Olor a sexo crudo. Ella me araña espalda. Grita. Yo exploto dentro. Temprano. Vergüenza. Pero ella sigue. Se corre temblando. Líquido caliente en mi vientre.
Después. Tumbados. Respira agitada. Yo vacío. Inocencia rota. No más fantasías solas. Toqué lo prohibido. Su piel áspera. Marcas de acné. Belleza rota. Me mira. No odio. Sonrisa torcida. ‘Vuelve cuando quieras, pringao’. Salgo. Piernas flojas. Aire fresco. Mundo nuevo. Bernadette en casa. Sus secretos me empujaron. Ahora yo tengo el mío. Fin de la timidez. O principio de algo salvaje. Nervios aún. Pero excitación queda. Para siempre.