Llegamos al rancho al anochecer. El corazón me latía fuerte. Philippe había llamado a Kojak. ‘Ofrécele a tu mujer’, le pedí. Nervios me trepaban por la piel. Miedo y ganas revueltas. El mas era imponente, hacienda camarguesa con caballos y toros. Kojak nos recibió sonriente. Su mujer, Sung, perversa y sádica, nos escaneaba.

Cenamos bien. Vino, risas. Pero la tensión crecía. Después del café, Kojak me miró. ‘Muéstranos qué llevas bajo el vestido, Nathalie’. Me puse en el centro. Todos ojos sobre mí. Desaté la blusa. La tela cayó lenta. Nuisette negra transparente, tanga naranja, medias de red. Aire erótico nos envolvió. Respiré hondo. Primera vez así, expuesta.

La aproximación: nervios y deseo en el rancho

Kojak vino rápido. Me abrazó. Manos por todo mi cuerpo. Me dejaba hacer. Frente a Philippe, palpado como puta. Sus dedos tensos, mi piel ardía. Me llevó a la habitación. Philippe y Sung en la puerta, voyeurs. Caí en la cama. Besos furiosos. Lengua en mi boca, manos en mis tetas. Me volteó boca abajo. Levantó la nuisette. Apartó la tanga. Su lengua atacó mi coño. Estaba empapada. Cyprine chorreaba.

Luego, al culo. Nunca sodomizada. Me tensé. ‘Relájate’, murmuró. Saliva en mi ano. Lengüetazos suaves. Pequeños golpes. Mi esfínter cedía. Placer nuevo, prohibido. Philippe nunca lo tuvo. Alternaba coño y culo. Dedo en mi ano. Entró fácil. Dulce. Pulgar en clítoris, otro dedo en coño. Sensaciones locas. Temblores. Primera vez tan expuesta, tan manoseada.

La huella: pacto eterno y fin de la inocencia

Se echó sobre mí. Polla dura entró en mi coño. Me ramoneó minutos. Luego de lado, para que vieran. Miré a Philippe. Sacaba su polla, se pajeaba. Ojos desorbitados. Sung fría, pero brillo cruel en su mirada. Gozé gritando. Philippe se corrió en la alfombra. Kojak último, llenó mi coño de leche. Me dormí en sus brazos, exhausta.

Desperté sola. Voces en el salón. ‘Hablemos del futuro’, dijo Kojak. Nos sentamos. ‘Os gustó’. ‘Sí’, dijimos. ‘Quiero más. Philippe, ofrécemela total. No la toques cuando estemos juntos. A veces, ni solos. Te prohíbo su culo para siempre. Yo la iniciaré’. Duro. Pero excitante. ‘La mostraré a otros’. Reflexionamos. Acordamos todo. Placer en la entrega. ‘Empezamos ya. No la toques más’.

Miré a Philippe. Su cara, mezcla de dolor y éxtasis. Yo, transformada. De prude a puta. Culo abierto por primera vez. Inocencia rota. Ahora suya. Nervios iniciales, ahora adicción. Esa noche, en el rancho, todo cambió. Malabares torpes, pero placer puro. Tensión que subía, explotaba. Recordarlo me moja aún.

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