En el sofá del salón de mi apartamento, avenue Volvestre, segundo piso. Esperaba a Fred con el estómago revuelto. Hacía veinticinco años que no sentía esto. Sudaba bajo la blusa. Cada tic del reloj aceleraba mi pulso. ¿Y si era un error? Mi madre, con sus amantes, me había marcado. Yo, virgen emocional, a los 47. Él, actor porno, joven, perfecto. La puerta sonó. Abrí. Sus ojos verdes me devoraron. Nos besamos. Lentos. Dudando. Mi corazón latía en la garganta.

Me senté. Él se acercó. Sus manos en mi cintura. Nerviosa, crucé las piernas. Pero el deseo ardía. ‘Te quiero’, murmuró. Mentí sobre un amante para protegerme. Él rió. Confesiones. Risas. El aire se cargó. Su brazo en el respaldo. Mi nuca erizada. Nuestras caras se acercaron. Labios rozándose. El primer beso verdadero. Su lengua tibia invadió mi boca. Gemí bajito. Manos torpes en su pecho. Él desabotonó mi blusa. Mi vientre expuesto. Vulnerable. Me miró como a una diosa. Nervios me traicionaban: temblaba.

La aproximación: espera y nervios

Sus dedos bajaron la falda. Panties húmedos. Tocó mi monte. Suave. Dudoso. Yo guiaba con gemidos. ‘Más’, susurré. Presionó mi clítoris. Rayos. Piernas abiertas. Maladroite, pero excitante. Su aliento en mi cuello. Mordiscos suaves. Mi coño palpitaba. Nunca tan mojada. ‘Préndeme’, supliqué. Él dudó: sin condón. Yo insistí. Me volteó. Boca en la mía. Dedos dentro. Dos. Girando. Frotando. Mi clítoris con el pulgar. Ritmo lento. Tension subiendo. Caderas bailando solas. Sudor mezclado. Olor a sexo.

El instante: contacto brutal y descubrimiento

Malabares. Sus dedos torpes al principio. Yo arqueada. ‘¡Sí!’. Aceleró. Mi primer orgasmo real. Gritó por la avenida. Cuerpo convulsionando. Estrellas. Lágrimas. Él me besó. Tierno. Yo, jadeante, toqué su polla dura. Enorme. Quería más. Pero paró. ‘No sin protección’. Frustración dulce. Succioné por primera vez. Gusto salado. No repugnante. Adictivo. Lamí. Chupé. Él gimió. Maladroite, excitante. Mi inocencia rota.

Después, vacío dulce. Soledad finiquitada. Acaricié su rostro. Él a mí. Silencio cómplice. Ya no era la misma. Aquella noche, en el sofá, descubrí el placer crudo. Nervios convertidos en fuego. Inocencia hecha trizas. Horizontes abiertos: sexo, amor, vida. Fred se fue. Yo sonreí al techo. Mañana sería distinto. Mi cuerpo recordaba. La huella indeleble.

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