En mi dormitorio, la noche caía pesada. El reloj marcaba las dos. Sola en la cama, el portátil sobre las rodillas. Insomnio otra vez. Él no salía de mi cabeza. Ese mail corto del día: ‘Hola mi BB, pienso en ti’. Poco, pero suficiente para encenderme. Me conecté a MSN con el corazón acelerado. Dudé. ¿Y si no estaba? Pero ahí estaba su nick, en verde. Parpadeaba. ‘Hola’, tecleé. Silencio. Luego su cara en la webcam. Sonrisa pícara. Yo, con la bata puesta, temblaba. Quería dormir, pero el deseo me clavaba despierta. Hablamos poco. Miradas. Sus ojos me desnudaban ya. ‘Muéstrame más’, dijo. Miedo. ¿Y si me veía fea? ¿Y si era demasiado pronto? Pero el calor subía. Me mordí el labio. Nervios en el estómago. Como la primera cita, pero peor. Virtual. Íntimo. Prohibido.
Sus palabras se volvieron fuego. ‘Quítate la bata’. Dudé. Manos temblorosas. La cámara enfocaba mi cara. Rojo como tomate. Lentamente, la até floja. Se abrió un poco. Pecho asomando. Él gemía bajito. ‘Más’. Corazón latiendo en la garganta. Nunca había hecho esto. Inocente hasta esa noche. Me levanté. Bata al suelo. Solo bragas. Piel de gallina. Frío del cuarto, pero ardía por dentro. Él se quitó la camisa. Pecho fuerte. Yo, fascinada. Maladroite, choqué el portátil. Risitas nerviosas. ‘Eres preciosa’, dijo. Mentira piadosa, pensé. Pero seguí. Dedos en las bragas. Bajándolas despacio. Piernas temblando. Primera vez expuesta. Vulva húmeda, expuesta a su mirada. Vergüenza quemaba. Excitación más fuerte. Él se bajó los pantalones. Polla dura. Primera vez viéndola así. Gruesa. Pulsante. Nos mirábamos. Respiraciones agitadas. Dedos míos rozando mi clítoris. Tímida. Circular. Él se tocaba lento. ‘Joder, qué ganas de ti’. Tensión insoportable. Gemí bajito. Malabares con la cámara. Piernas abiertas. Humedad chorreando. Él aceleraba. Yo, perdida en el ritmo. Sudor. Nervios. Placer nuevo, crudo.
La Espera: Nervios y Deseo en la Noche
Terminamos jadeando. Pantallas empañadas. Él primero, leche blanca salpicando. Yo, olas rompiendo. Cuerpo convulso. Primera vez corriéndome para él. Silencio después. Bata de nuevo. Ojos brillantes. Inocencia rota. Ya no era la misma. Mañana llegaría, pero esa noche Morphée me llevó sueños con su piel. Huella eterna. Deseo abierto. Fin de la timidez. Amor mezclado con lujuria. Él, mi perla. Ahora sabía: lo quería todo. Cuerpo y alma.