La fuente brotaba entre rocas grises, fresca y clara bajo la luna. Habíamos llegado exhaustos. Corté helechos con mi coutelas, armando un lecho tosco. Zulla, desnuda, su piel ebena brillando. Se acurrucó contra mí apenas nos tendimos. Su calor me invadió. Yo, Marmouz, rey de los grandes simios, sentía el pulso acelerado. Marie-Madeleine esperaba en Brest. Esto era traición. Pero su cuerpo alto, curvas perfectas, olía a jungla pura. Mi polla se endureció bajo el pagne sucio. Nervios me atenazaban. ¿Y si la lastimaba? Ella era Waziri, fuerte, pero yo un salvaje blanco. Sus ojos negros me miraban, expectantes. El deseo ardía. La espera dolía en las entrañas.
Respiraba hondo. Su mano rozó mi pecho. Temblé. ‘Quédate conmigo’, susurró. Mi mente gritaba no, pero el cuerpo rugía sí. Me giré. Nuestros rostros cerca. Labios se rozaron. Torpe al principio. Mi boca grande, su boca suave. Lenguas chocaron, húmedas, urgentes. Manos exploraban. La mía bajó por su espalda, hasta nalgas firmes. Ella jadeó. Quité el pagne. Mi verga saltó, enorme, venosa. Zulla la miró, ojos muy abiertos. Miedo y hambre. ‘Eres mi rey’, murmuró. Yo dudaba. ¿Primera vez así? Con Jane no, pero esto era primitivo. Puro instinto.
La Aproximación: Tensión en la Fuente
La tumbé sobre helechos. Sus piernas se abrieron. Coño negro, húmedo, invitador. Rozó mi punta. Gemí. Entré despacio. Aprieta fuerte. Virgen no era, pero para mí, descubrimiento brutal. Nervios me hacían torpe. Empujé, mal calculado. Ella rió suave, guiándome. Ritmo creció. Sudor nos unía. Pechos rebotaban. Mis manos apretaban caderas. Follar salvaje. Gruñidos míos, como simio. Ella arañaba espalda. Placer subía, bolas tensas. ‘¡Bloavez mad!’, rugí bajito. Eyaculé dentro, chorros calientes. Colapsé sobre ella. Corazón martilleaba.
Al alba, luz roja teñía todo. Zulla lavada, pagne de hojas. Yo traía cuissot de phacochère. ‘Hazme el amor otra vez’, pidió. Sabía que cedía. Inocencia rota. Ya no era solo marinero fiel. Era Marmouz, señor de la jungla. Ese acto abrió horizontes. Quedaría meses. Marie-Madeleine entendería… o no. El placer primitivo me atrapó. Nervios gone, solo eco de éxtasis. La jungla me reclamaba. Yo, cambiado para siempre.