Al borde de la piscina, el corazón me latía con fuerza. Jean-Philippe nadaba con brazadas potentes. Sus hombros anchos, su vientre plano. Lo observaba, hipnotizada. La resaca aún me dolía, pero el deseo lo borraba todo. May se había ido al golf, feliz con su primera vez. Yo cargaba el secreto: la noche anterior, ebria, me había follado su padre. Dos orgasmos brutales. Ahora, él me invitaba sin maillot. Me quité las bragas de May, avergonzada por mojarme pensando en su polla gorda. Nervios. Culpa. Pero el coño palpitaba.
Entré al agua en bikini fucsia. Él se acercó. Sus ojos marrones me quemaban. ‘Hay que hablar’, murmuró. Me llevó al borde, me encerró con sus brazos. Su cuerpo fresco contra el mío. ‘Fue genial anoche’, confesó. ‘¿Tú disfrutaste?’. Tragué saliva. Intenté protestar: ‘No debimos…’. Pero su polla se endurecía contra mi vientre. Levanté las rodillas, lo envolví con las piernas. Nos besamos. Lenguas enredadas, mordidas suaves. Grité bajito, recordando cómo me había dilatado.
La aproximación: espera, miedo y deseo
Me levantó al rebord. Quitó el triángulo rosa. ‘Abre las piernas’, ordenó. Obedecí, temblando. Besó mi vientre. Bajó a mi coño. Lengua en el clítoris endurecido por el agua fría. Lamía, chupaba. Abrí más, piernas al cielo. Me comía la concha como un hambriento. Líquido blanco salía, él lo sorbía. Empujé su cabeza. Explosé en un orgasmo feroz. Gritando.
Me bajó al agua. Manos en mis tetas, pezones duros. Abrí las piernas, talones en su espalda. Sacó la polla del short rojo. Gorda, tiesa. La puso en mi entrada. Me apretó las caderas. Entró despacio. Me abría, me llenaba. Reconocí esa plenitud. Grité. Él embestía, agua salpicando. Mordí su pezón. Follando fuerte, unidos.
El instante: placer brutal y descubrimiento
‘Te haré correrme otra vez’, dijo. Salió de mí, frustración. Al transat. Me puse a cuatro, culo en pompa. Bajó mi slip. Polla contra mi coño. Entró por detrás. Quemaba al inicio, pero el deseo lubricaba. Profundo, vertiginoso. Me pilonaba. Fui a mi clítoris, masturbándome. Orgasmo rápido. Él halló mi punto G. Segundo clímax, violento. Él eyaculó dentro, gimiendo, uñas en mis caderas.
Se retiró con un chasquido húmedo. Caí al transat, jadeante. Él a mi lado, exhausto. Silencio. Ninguna vergüenza. Solo éxtasis. Esa polla había roto algo en mí. Orgasmo vaginal, doble. Nunca antes. Inocencia hecha añicos. Abiertos nuevos horizontes prohibidos. Culpa vendría después. Ahora, solo placer puro. Me levanté, rumbo a la ducha. Sonriendo. Qué fin de semana.