En el Meistersaal, solos al fin. El equipo se había ido en silencio, dejando atrás el piano negro y reluciente. Andrzej me ayudó a bajar del couvercle. Nuestros ojos se cruzaron, eternos. El aire pesaba, cargado de lo no dicho. Mi corazón latía desbocado. ¿Y si esto era un error? ¿Y si su fuego me quemaba? Pero el deseo ardía más fuerte. Me acerqué. Nuestros labios se rozaron, tímidos al principio. Luego, hambre. Bocas devorándose, lenguas enredadas. ‘Desnúdame’, susurré. Sus dedos temblaron al soltar los botones de la robe noire. La seda resbaló por mi piel, dejándome expuesta. Nuda. Vulnerable. Él me miró como si rezara. Su dedo trazó mi cuello, hombros, espalda. Un escalofrío me erizó la piel. Bajó por mi espina dorsal, rápido, vivo. Roce en las nalgas. Palpa mi sexo, húmedo ya. Sube al vientre, llega a mis pechos. Los acaricia con devoción. Yo gimo bajito. Nervios y excitación se mezclan. Es la primera vez que alguien me toca así, con esta intensidad pura. Lo quiero todo de él.
Sus besos bajan. Cuello, axilas, pechos. Me tumba en el piano. Su cara entre mis muslos. Lengua en mi coño, lamiendo sin prisa. Me arqueo. ‘Fóllame’, le digo. Pero él sigue, devorándome. Le arranco la camisa, botones volando. Su polla dura contra mi vientre. La agarro. Beso su torso. Bajo. La meto en mi boca, chupando despacio. Él jadea. ‘No aguanto más’. Pero yo sí. Me levanto. Corro a los bacs de maquillaje. Encuentro el tubo de lubrificante. ‘Quiero que me folles el culo. Contigo. Por primera vez’. Dudo un segundo. ¿Dolerá? ¿Me arrepentiré? Pero el fuego me empuja. Pongo ‘Heroes’ en bucle, volumen al máximo. Bowie canta. Me arrodillo en el Chesterfield. Cara en el cuero, culo en pompa. Él llega. Lengua en mi ano, explorando. Dedos en mi clítoris. Lubrica. Frío. Tiemblo. Sus dedos pianistas entran, uno, dos. Lento. Duele un poco, pero excita más. ‘Estoy listo’, dice. Su glande presiona. Empuja. Resiste. Entra. Grito ahogado. Maladroite, torpe. Pero joder, qué placer nuevo. Se para. Me masturba. Yo empujo atrás. Lo quiero dentro. Entra más. Ritmo lento. Bowie: ‘We can be heroes’. El dolor se funde en éxtasis. Nos movemos. Sudor. Gemidos. Explosión.
La aproximación temblorosa
Caemos abrazados. Temblando. Sueur pegajosa. Me lleva en brazos. Giramos al ritmo de la música. No hay palabras. Solo piel contra piel. Su olor. Mi inocencia rota, pero un horizonte abierto. Ya no soy la misma. Ese culo virgen entregado a él. Nervios convertidos en recuerdo ardiente. Fin de una era, inicio de algo salvaje. Amarcord. El deseo puro, grabado para siempre.