Recuerdo ese jueves como si fuera ayer. La cocina de Pascale. Amplia, moderna. El plan de trabajo largo contra la pared. Ahí empezó todo. Mi corazón latía fuerte. Había esperado esa semana entera. Ella, la rubia casada con mi jefe. Treinta y nueve años de pura tentación. Yo, veintinueve, casado con hijos. Nervioso. Excitado. ¿Y si nos pillaban? El deseo ganaba.
Llegamos del supermercado. Manos entrelazadas. Besos robados. Ella quitó la chaqueta. Blusa transparente. Pezones duros. Sin sujetador. Me miró con ojos hambrientos. Yo, tieso como una barra. Mi polla presionaba el pantalón. Ella lo notó. Sonrió. Maliciosa. Se acercó. Mano en mi bulto. Apretó. ‘Estás listo, ¿eh?’. Tragué saliva. Sudaba. Maladroite, torpe. Pero ella guiaba.
La aproximación: nervios y deseo ardiente
Desabotonó mi camisa. Besos en el pecho. Bajó el pantalón. Boxer a punto de reventar. Tiró de él. Mi verga saltó libre. Gruesa. Dura. La miró embobada. ‘Qué polla tan bonita’. La agarró. Masturbó despacio. Dedos expertos. Circulares en el glande. Gemí. Nervios puro. Primera vez tocándome así. No como Carole. Esto era fuego.
Me llevó al fregadero. Jabón en manos. Me lavó la polla. Suave. Lento. Testículos incluidos. Cerré ojos. Placer insano. Enjuagó. Secó con toalla áspera. Glande sensible. Brillaba. Lista. Se arrodilló. Boca caliente. Lengua en el capullo. Chupó. Fuerte. Yo en su pelo. Moví caderas. Vaivén. Casi exploto. Paró. ‘No tan rápido, cariño’.
Se levantó. Pechos contra mí. Beso profundo. Lenguas bailando. Manos en sus nalgas. Subí falda. Sin bragas. Solo portaligas. Negro. Sexo húmedo. Dedos explorando. Clítoris hinchado. Lo froté. Ella jadeó. Piernas temblando. ‘¡Dios!’. Aceleré. Masturbación brutal. Gritó. Orgasmos la sacudió. Cuerpo arqueado. ‘¡Para!’. Pero seguí. Quería más.
El clímax y la huella eterna
Se giró. Apoyada en el plan. Piernas abiertas. ‘Fóllame ahora. Te necesito dentro’. Sin condón. Riesgos. Pero ella insistió. ‘Confío en ti’. Agarré caderas. Polla en su raja. Húmeda. Caliente. Empujé. Entera. Sin resistencia. Coño apretado. Empecé a bombear. Fuerte. Rápido. Ella gemía. ‘¡Sí! Más’. Nalgas perfectas. Rebotando.
Maladroite al principio. Nervioso. Sudor. Pero ritmo perfecto. Ella segunda vez. Gritó alto. ‘¡Joder!’. Me llevó al límite. Eyaculé dentro. Chorros potentes. Placer cegador. Vacío total. Nos quedamos jadeando. Ella se volvió. ‘Te amo’. Beso tierno. Inocencia rota. Ya no era el mismo.
Salí flotando. Oficina. Jefe: ‘¿Todo bien?’. Sonreí. ‘Perfecto’. En bolsillo, su número. ‘Petite bite’, pensé. Felicidad prohibida. Culpa leve. Pero adicción nacida. Esa cocina. Primera vez real. Nervios, torpeza, éxtasis. Horizonte abierto. Nunca olvidaré.