La puerta de su habitación estaba entreabierta. Entré con el corazón latiendo fuerte. Judith yacía bajo las sábanas, sonriendo. No podía más desde la cena. Su vestido negro, su risa, el dado que nos unió. Todo me había excitado. Pero miedo también. Nunca había tocado un cuerpo así. Grande, suave, prohibido.
Me acerqué nervioso. Ella quitó la sábana. Piel blanca, luminosa. Rondeces perfectas. Manos temblorosas sobre su vientre. Calor. Suavidad increíble. Besé sus pechos. Aréolas rosas, grandes. Se arrugaron. Gime bajito. La guío. Agarro sus tetas a dos manos. Firmes, pesadas. Chupé pezones duros. Lengua juguetona. Emergen más tiesos.
La aproximación: espera, miedo y deseo
Baja mi mano por su flanco. Huele a ella. Monto de Venus con vello rojo. Piernas se abren. Vulva hinchada, rosada. Cuadrado de chocolate entre labios. Lo empujo con lengua. Contra clítoris erecto. Me aprieta la cabeza. Lamo lento. Beso húmedo. Jugo salado, acre. No dulce. Choco resiste. Temperatura sube. Ella gime fuerte. Pero no funde.
La masajeo fuerte. Manos por muslos, hombros. Pino pezones. Frotó verga en su vientre. Entre tetas. Gotas en glande. Ella lame. ‘Demasiado bueno’, dice. ‘Tu polla es enorme’. Empujo contra vulva. Empujo adentro. Avanza culazo. Caderas chocan. Tetas bailan. Me contengo. Bolas tensas. Ella aprieta. Grita. Corre. Yo sigo.
El instante: contacto brutal y descubrimiento
Jugo claro sale. No choco. Ella ríe. Me tumba. Boca en verga. Lengua en glande. Manos en bolas. No aguanto. Chupa todo. Grito. Vacio en su garganta. Cuerpo tiembla. Pies, corazón. Todo. Culo arriba, perfecto.
Se levanta. ‘Karité’, dice. Punto fusión alto. Por eso no fundió. Saca trozo. Intenso olor suyo. Lo muerdo. Beso chocolatado. ‘Otra vez?’, pregunta. Dado sale. Cinco. Viaje al Malí. Juntos. Prejuicios rotos. Inocencia ida. Nuevo mundo abierto.