En el pajar de la granja, el olor a heno seco me envuelve. Marie me arrastra escaleras arriba. Mi corazón late fuerte. Tengo 18 años. Es 1967. Somos vírgenes los dos. Ella cierra la puerta oxidada. Nos quedamos de pie, enlazados. Sus labios buscan los míos. Me besa con hambre. Su lengua juega con la mía. Bajo las manos por su espalda. Tiembla. Yo también. ¿Qué hago ahora? Mi polla duele de dura dentro del pantalón.
Nos besamos sin parar. Mis dedos torpes desabrochan su vestido azul. Cae al suelo. Solo queda su sujetador blanco y bragas a juego. Piel bronceada. Suave como seda. La miro embobado. Nunca vi una mujer así. Revistas porno eran raras. Ella me quita la camisa. Sus uñas rozan mi pecho. Jadeo. Me desabrocha el pantalón. Mi calzoncillo blanco abulta. Ella sonríe. ‘Quiero verte desnudo’, susurra.
La aproximación: Nervios y deseo en la oscuridad
Me tumbo sobre ella en el heno. Ojos en los suyos. Negros, profundos. La beso el cuello. Bajo a sus pechos. Tardo en soltar el sujetador. Río nervioso. Ella se ríe suave. Se abren ante mí. Perfectos. Rosados pezones duros. Los acaricio. Los chupo. Gime bajito. Mi mano baja. Su vientre plano. Las bragas húmedas. La toco por encima. Está mojada por mí. La bajo despacio. Vello oscuro. Labios hinchados. Mis dedos exploran. Resbala. Ella tiembla fuerte.
Me quita el calzoncillo. ‘¡Qué bonita!’, dice mi polla tiesa. Roja, palpitante. Me posiciono entre sus piernas. Sudor en la frente. Miedo y excitación. ¿La haré daño? ¿Duraré? ‘Hazlo, pero no dentro’, dice. Empujo. Entra fácil. Virgen pero resbaladiza. Calor. Apretada. Me envuelve. Bombeo lento. Segundos. No aguanto. Me sale todo. Eyaculo en su vientre. Vergüenza. Me retiro rápido. ‘Perdón’, balbuceo.
El instante y la huella: Del éxtasis a la eternidad
‘Magnífico’, dice con lágrima. Me abraza. ‘Gracias’. Limpio con mi pañuelo. Vuelvo a tocarla. Mojada aún. ‘Bésame y repite’, suplica. Hago el amor tres veces más esa noche. Aprendemos. Tocamos todo. Sus pechos sensibles. Mi espalda arqueada. Charla entre gemidos. ¿Qué sientes aquí? Jadeos. Sudor. Plenilunio ilumina su silueta desnuda. Nos dormimos exhaustos, pegados.
El gallo canta. Amanecer. Realidad golpea. Debo volver con amigos. Ella, a casa. Besos urgentes. ‘¿Volveré a verte?’, pregunto. Sonríe. No retomé el viaje en bici. Me quedé en el pajar. Cuatro días robados. Sus padres la regañaron. Alibi de amiga. Universidad cerca. Nunca nos separamos. Cuatro años después, matrimonio.
Hoy, 68 años. Marie, mi mujer. Tres hijos, seis nietos. La miro. Bella aún. Le hago el amor a menudo. Experiencia de 50 años. La hago gritar. Siempre pido perdón por esa primera vez rápida. Ella ríe. ‘Fue perfecta’. Aquella noche en el pajar rompió mi inocencia. Abrió horizontes. Mi corazón late igual.