Entro en la habitación con el corazón latiendo fuerte. El barreño humea en el centro, grande, invitador. Anne-Louise me sigue, ojos abiertos como platos. ‘¿Por qué estoy aquí?’, murmura. ‘Vamos a bañarnos juntos’, digo sin rodeos. Se queda helada. Cruza al otro lado del barreño, como escudo. Su rostro mezcla miedo y curiosidad. Yo empiezo a quitarme la ropa. Camisa, calzones. Quedo desnudo. Cicatrices de Italia marcan mi piel. Ella mira, no aparta la vista. Traga saliva.

Me siento en el agua tibia. ‘Ven, Anne-Louise. Tú también’. Ella duda. Manos temblorosas en el vestido. Lentamente, se desabrocha. Primero los hombros. La tela cae, revela pechos firmes, en forma de pera. Picores en mi entrepierna. Baja la falda. Vientre suave, redondo. Piernas largas, medias sujetas con lazos negros. Se quita las medias despacio, erótica sin querer. Queda casi desnuda, solo la cofia. Salta el borde, pie en el agua. Veo su sexo, oscuro, húmedo ya. Se gira, me da la espalda. Faldas perfectas. Se sienta entre mis piernas, yo su respaldo. Manos en su vientre. Tiembla. Se recuesta contra mí. Piel caliente contra mi pecho.

La aproximación nerviosa

La beso en el cuello. Inclina la cabeza, facilita. Labios bajan a hombros, oreja. Suspiros suaves. Manos suben, capturan pechos. Pezones duros bajo mis dedos. Los aprieto, masajeo. Gime bajito. Agua chapotea. Mi miembro crece, roza sus nalgas. Nervios me aprietan el estómago. Primera vez así con ella. ¿Resistirá? Sigue pasiva, pero no huye. Bajo una mano, rozo su monte. Humedad más allá del agua. Dedos exploran pliegues. Jadea. ‘David…’, susurra, como Betsabé. Yo su rey pecador.

El instante de fuego en el agua

No aguanto. La giro con cuidado. Boca en la suya. Lenguas torpes al principio, luego fieras. Manos en sus caderas, la alzo un poco. Mi verga erecta contra su entrada. Empujo suave. Resistencia, luego desliz. Calor apretado la envuelve. Grita ahogado. Mueve caderas, maladroite, excitante. Agua salpica. Ritmo lento, nervioso. Sus pechos rebotan. La beso, muerdo cuello. Acelero. Ella clava uñas en mi espalda. ‘¡Sí, David!’. Explosión dentro. Tiembla, llega al clímax. Agotados, unidos en el agua.

Salimos. La seco con ternura. Tela cae. Otra vez piel contra piel. La llevo al lecho. Amor salvaje. Gime alto, sin pudor. Mi inocencia rota también, la suya despierta. Días después, casados. Reflexiono en la noche. Ese baño cambió todo. Su marido muerto por celos que ella avivó. Yo, el asesino afortunado. Fin de purezas. Ahora, pasión diaria. Agua dormida que despertó. Nervios convertidos en fuego eterno.

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