Entro en el apartamento de Marie. Dos días después de la repetición de la coral. Ella abre la puerta con naturalidad. Me da las gracias por ayudar con los libros. Espero encontrar noveluchas baratas. Me equivoco. Proust, Gide, Camus. Hasta Heidegger y Levinas. Hojeamos. Los otros no llegan aún. Ella en vaqueros y camisa blanca abotonada. Se inclina para pasarme un Bergson. Veo el escote. La misma puntilla del otro día. El sostén. Mi mirada traicionera. Ella lo nota.
—Vaya, ¿eh? —dice.
La aproximación: espera y deseo nervioso
Me sonrojo como un crío. Ganas de huir. Pero ella se acerca. Sus labios buscan los míos. Esta vez no es fugaz. Me agarra el cuello. Lenguas que se encuentran. Se enredan. El tiempo para. Emociones de hace cuarenta años. Mi polla se endurece. Manos en su nuca. Bajo a los hombros. Desabrocho su camisa. Ella la mía. Veo sus pechos pequeños en el sujetador de encaje. Simple. Bonito.
—Marie… no deberíamos.
Palabras vacías. Besos locos. Manos salvajes. Ella acaricia mi pecho. Mis pezones. Mi mano en un copa. La otra busca el cierre. Lo abro. Breteles abajo. Pezones rosados. Duros. Los rozo con los pulgares. Los pellizco suave. Ella frota su vientre contra mi bulto. No paramos de besarnos.
Me arrastra a la habitación. Cae en la cama. Brazos atrás. Pechos en alto. Desabrocha sus vaqueros.
—Tú haz el resto.
Bajo la cremallera. Deslizo el pantalón por sus piernas. Culotte blanca. Encaje. La quito. Vello rubio claro. Piernas cerradas. Me atrae. Besos. Su mano en mi bragueta. Toca el bulto. Abre. Dedos en el slip. Acaricia mi verga. Mi mano sube sus muslos. Abro piernas. Pubis suave. Dedos en los pelos. Bajo. Fenda húmeda. Presiono.
—Sí —suspira.
Ella libera mi polla. Tira del prepucio. Pulgar en el meato. Frota.
—¡Qué rico!
—Frédéric, me encanta que estés tan duro por mí.
El instante: contacto físico brutal
Palabras sucias. Me excitan. Cambio de turno. Quiero su fuente. Bajo. Boca en tetas. Vientre. Ombligo. Nariz en vello. Labios rosados. Lengua en el surco. Miel dulce. Suspiros. Mano en nalgas. Otra en pechos. Mi polla contra las sábanas. Me contengo.
Lengua en clítoris. Ella gime. Ondea caderas. Se entrega.
—¡Para! —dice.
Me tumba. Boca en mi polla. Lengua en glande. Frenillo. Dedos en huevos. Irresistible. Adagio. Experta. Gimo.
—Pequeña puta tierna, ¡me haces tanto bien!
Ella acelera. Chupada profunda. No soy gigante. Pero su boca perfecta.
La giro. A cuatro patas. Froto mi polla en sus nalgas. Ella guía a su coño. Entro de golpe. Húmedo. Caliente. Me inclino. Tetas. Espalda. Ella contrae. Empujo. Gritos. Onomatopeyas. Feos tiernos.
—¡Ven! —pide.
Vibración en riñones. Su coño aprieta. Eyaculamos juntos. Jugos mezclados. Besos. Caemos.
Momentos dulces. No tristeza post coito. Solo paz.
En la coral, su voz suena distinta. El final de la Novena de Beethoven, fácil. Hay más libros que ordenar.