Todo empezó mal esa mañana. Mi coche se averió a tres kilómetros de casa. Tenía una entrevista crucial a las nueve para ser profesor de historia. Sin taxis, llamé por móvil. Nada, saldo agotado. Entonces, ¡crash! Un golpe violento. Caí contra un poste. Oscuridad.
Desperté con bofetadas suaves. Olor a Poison. Ojos violeta intenso. Ella, Michèle, doctora de 35-40 años, pelo castaño, jersey irlandés, vaqueros. Me había chocado por nervios. Acababa de dejar a su marido infiel.
La Aproximación
Me llevó a mi apartamento caótico, lleno de tiestos arqueológicos y ropa de Marina, mi ex. Me curó la brecha en el sofá. Sus pechos rozaron mi espalda. Su pelo me cosquilleó el cuello. Mi polla se agitó. Ella lo notó.
—Parece que hay otra bosse aquí —dijo, mano en mi bragueta. Nervios me invadieron. ¿Y si la rechazo? ¿Y si es mi chance? Sus ojos améthyste me perforaban. Rupturas frescas nos unían. Bretona como yo, de Saint-Malo. Tutéamos. Risas. Lágrimas.
Se acurrucó contra mí. Su cuerpo cálido. Perfume embriagador. Mano apretó mi erección. Corazón latiendo fuerte. Miedo al rechazo. Deseo ardiendo. ¿Primera vez con una desconocida? Mi inocencia de chico estable se resquebrajaba.
Sus labios rozaron mi cuello. Temblé. Manos torpes desabroché su jersey. Piel suave. Sujetador negro. La besé, maldestro. Lenguas chocaron. Saliva. Gimió.
Manos bajaron mi cremallera. Polla saltó libre, dura, venosa. Primera vez que una desconocida la tocaba así. Nervios: ¿y si no gusta? Ella sonrió, pícara. Lengua lamió el glande. Calor húmedo. Gemí alto.
El Instante
Me empotró en el sofá. Vaqueros al suelo. Bragas empapadas. Coño depilado, rosado, jugoso. Dedos exploraron. Húmeda. Listo para mí. Pero ella mandaba. Médica autoritaria.
—Déjame guiarte —susurró. Se sentó a horcajadas. Polla rozó labios vaginales. Fricción lenta. Tensión insoportable. Entró de golpe. ¡Ah! Vaginismo apretado. Calor abrasador. Maladresse: resbalé, ella rio nerviosa.
Embistió. Caderas chocando. Sudor. Pechos rebotando. Uñas en mi pecho. Gemidos roncos. Primera vez tan cruda, sin preliminares eternos. Descubrí el placer animal. Sus jugos chorreaban. Mi inocencia de relaciones ‘normales’ se rompía.
Cambié posición. Ella a cuatro patas. Ano expuesto. ¿Anal? Nunca. Pero nervios y deseo ganaron. Escupí. Dedo entró. Se arqueó. Polla presionó. Lento. Dolor-placer. Gritó. Entré entero. Ritmo frenético. Ano virgen para mí, apretando.
Explosión. Corrida dentro. Ella tembló en orgasmo. Colapsamos. Sudor, semen goteando.
Después, silencio. Abrazados. Fin de inocencia. Mundo nuevo abierto. No más estabilidad falsa. Michèle se quedó. Mi vida cambió en ese sofá mugriento. Nostalgia dulce. Nervios convertidos en adicción.