En el balcón del último piso, con vistas a París, el corazón me latía fuerte. Llegué temprano, avancé por las calles. Llamé a Sylvie, su voz jadeante del footing. Esperé, vi su silueta sudada: morena, treinta años, ojos azul-verde, culotte y top deportivo. Subimos en ascensor, su aroma a sudor me invadió. Me mostró el piso luminoso, se duchó. Yo, en mi cuarto, oía el agua. Imaginaba su cuerpo desnudo, jabonoso. Me distraje con papeles, pero no podía. Salió en bata, me ofreció la ducha. Sus bragas en el suelo. Me desnudé, entré. Golpe en la puerta: traía toalla. El visillo translúcido, la vi borrosa. Salí en toalla, crucé el pasillo. Su mirada en mi torso, mi paquete. Sonreímos, tensión eléctrica.
Marc llegó, cené fuera. Volví tarde. Insomnio. Oí gemidos leves. Salí al balcón. Cortina mal cerrada: Sylvie en camisón, chupando a Marc. Boca profunda, mano acariciando huevos. Se giró, coño en su cara, 69 salvaje. Luego, él la montó, polla dura embistiéndola. Ella gemía bajito, mordiendo la sábana. Él eyaculó. Me retiré, polla tiesa toda la noche. Primera vez viendo un polvo real, tan cerca. Inocencia agrietada.
La espera nerviosa
Al día siguiente, café solos. Su vestido veraniego. Volví temprano de reunión. Música alta, puerta baño abierta. Su vestido y tanga en el suelo. Me escondí, entreabrí. Salió desnuda, secándose. Tetas firmes, culo perfecto, coño depilado. Se vistió, tosió yo. Sorprendida, charlamos en salón. Saunas, masajes. ‘¡Adoro los masajes!’, gritó. Ofrecí uno. Dudó, aceptó. En su cama, boca abajo, bikini rosa, toalla en culo. Aceite listo. ‘Marc no me los hace’, confesó.
Manos en cuello, espalda. Desabroché top, silencio. Masajeé flancos, bajé a nalgas. Quitó bikini, topless. Piernas, pies. ‘Vuélvete’. Cara, hombros, tetas. Pezones duros bajo dedos. Suspiros. Vientre, muslos. Dedos rozando labios vaginales, húmeda. Se abandonó, gemidos suaves. Hora así, piel contra piel. Primera vez tocando a una extraña así, nervios en estómago, polla palpitando. Paré, ducha. Marc llegó.
El roce que lo cambió todo
Noche, volví sigiloso. Gemidos fuertes. Sylvie mamando a Marc, culo expuesto, coño reluciente. Se empaló, cabalgó. Luego a cuatro, él la taladraba. Gritos, corrida dentro. Me escondí, masturbé mentalmente.
Mañana, desayuno íntimo. ‘¿Dormiste bien? No te oí llegar’. Sonrojó. Complicidad muda. Al partir: ‘Vuelve, me haría ilusión’. Inocencia ida, adicto a lo prohibido. París grabado en piel.