Estaba solo en nuestra cabina del barco. Acababa de ducharme. Desnudo frente al escritorio, llenaba formularios para la aduana. Kris entró de repente. Me pidió hacer los de sus padres también. Golpearon la puerta. Ella abrió. Era mi suegra con los pasaportes. Demasiado tarde para vestirme. Crucé las piernas, ocultando mi intimidad.
—Mamá, cuidado, Alain está desnudo. ¡Gírate o te deslumbrarás! —rió Kris.
La aproximación: Nervios y deseo en la cabina
—Oh, a mi edad he visto de todo. Y tú siempre alabas a tu marido… Favorablemente sorprendida —repuso ella, juguetona.
Me quedé quieto. Seguí escribiendo. Kris se inclinó detrás. Besos en el cuello. Mano en mi torso. Bajó a la pierna. Me pellizcó. Salté. Piernas abiertas. Mi polla expuesta. Rieron.
—Ahora sí vi, hija. ¡Alain, ya no tienes secretos! —dijo mi suegra.
—No viste nada. Puede más —incitó Kris. Su mano rodeó mi verga. Vaivén lento. Se endureció al instante. Bajo su mirada fija.
—Mira cómo crece. Dura y suave. Delicia —describió Kris.
—Interesante… Tú juzgas —murmuró ella.
—Tócala, mamá. ¿Te molesta, cariño? —Kris tomó su mano. La posó en mi polla tiesa.
El contacto inesperado. Sus dedos calientes. Lentos. Bajó la piel. Descubrió el glande. Caress démentielle. Kris sonreía viéndola pajearme. Minutos eternos. Al borde. Se detuvo. Bajó la tensión.
—Tienes razón, hija. Si no fuera tu marido, lo devoraría. Me empalaría en esa tija —confesó mi suegra.
—No te prives. No soy celosa —rió Kris.
Se miraron. Ella se inclinó. Labios en mi glande. Lengua juguetona. Lo engulló a medias. Grité de placer. Kris se sentó, sonriendo.
—Sé a la altura, amor. Profítalo, mamá.
—Hummm, no me privo.
Chupaba furiosa. Manos en sus hombros. Bajé el pareo. Pechos pesados. Los amasé. Mano en riñones. Quité la ropa. La tumbé en la cama. Piernas abiertas. Sexo lampiño. Dedo en sus labios húmedos. Gemía. Lengua en su clítoris. Dedos dentro. Ondulaba.
—¡Alain, me vuelves loca! Come… ¡Sí! ¡Me corro! —gritó.
Kris: —No pares. Dale un recuerdo inolvidable.
El instante: Descubrimiento físico y éxtasis
Agarré tobillos. Piernas altas. Me hundí lento en su coño ardiente.
—¡Sí! Dura, larga. ¡Rómpeme! —suplicó.
Follé profundo. Estrecho. Froté paredes. Mordí tetas. Tembló. Explotó. Uñas en mí. La dejé calmarse. Aún dura dentro.
—¿No te gusto? ¿Vieja? —preguntó.
—Fantasío contigo. Kris me empuja —dije.
—Sigue. Quiero tu leche.
Kris asintió. Me tendí. Ella a cuatro patas. Boca en mi polla. Aspiraba. Lengua en glande. Casi exploto.
—Para… Catástrofe.
—¿Por qué? Sería deleite —rió.
La tumbé. Lamí coño y ano. Dedos en su culo. Se abrió. Gimió.
—¡Dios! ¡Me matas!
A cuatro patas. Tres dedos en ano. Mano en coño. Bailaba.
—¡Fóllame fuerte!
La embestí vaginal. Luego glande en ano. Ella se empaló. Hasta las bolas.
—¡Lléname! ¡Pégame!
La apaleé. Mano en teta, clítoris. Gritó. Se corrió. Yo exploté en su culo. Salvas calientes.
Quedamos unidos. Luego, ducha. Aperitivo en cubierta con Mario. Miradas tiernas de ella. ¿Repetir? Kris excitada por él. Secretos flotando.