En su diminuto apartamento, bajo los tejados, dos habitaciones casi vacías. El corazón me latía fuerte. Christine, la cajera de Leclerc, ni guapa ni simpática. Pero Virginie juraba que su fantasía era el culo. Yo, después de fallar con ella, aquí estaba. Nervioso. Excitado por lo prohibido.
La puerta se cierra. Ella suelta la falda. Culotte al suelo. Se arrodilla en el sofá, ofrece las nalgas. Blancas, planas, apetecibles. ‘Acércate y muéstrame si te gusta chupar culo. Quiero tu lengua en mi raja.’ Directa. Fría. Sin preámbulos. Me arrodillo. Aporto las nalgas. Su ano pardo. Lo lamo. Sabor áspero, olor fuerte. No desagradable. Primera vez que saboreo un culo así. La lengua entra. Ella empuja hacia mí. Gime bajito. ‘Más adentro.’ Dedos. Uno, dos. Deslizan como mantequilla. Su anillo, elástico. Lubrificante en la cómoda. Plugs, dildos, especulador. Toda una puta anal.
La espera tensa antes del primer contacto
Vuelvo. Polla dura como piedra. Solo imaginarla cazando pollas para su culo me pone. Dos dedos, tres. La abro. ‘¡Enciñe-moi! Fóllame el culo con tu verga gorda.’ Entro entero. Sin resistencia. ‘Hummm.’ Ningún gesto de dolor. Solo placer. La taladro. Fuerte. Ella gime, grita. Ventana abierta. Vecinos oyen. Me corro. Ella casi al unísono. Me retiro. Veo el agujero grande. Excitante. Percutido.
‘ No está mal, pero próxima vez imagínate más. Prueba el plug grande.’ Lo agarro. El más ancho. Duro de meter. Lo masturbo en su ano. Aprieto. Entra poco a poco. Ella grita, muerde el cojín. ‘¡A fondo!’ Lo hundo todo. Gira dentro. Mano en su coño peludo. Explota. Grita inhumano. Lo miro salir obsceno de sus nalgas.
El instante brutal de la penetración
‘Humm. ¿Te gusta reventarme el culo?’ ‘Sí, eres obscena con ese agujero.’ ‘Pues métemela otra vez.’ La pongo boca arriba. Saco plug. Entro fácil. ‘¡Me encanta que me enclaven!’ Grita para el barrio. Ojos lujuriosos. La reviento. Diez minutos más. Me vacío en ella. Su coño intacto. Se lo masturba. Yo la lamo. Olor a culo fuerte. Quiero más, pero está irritada.
Pomma reparadora. ‘¿Cuándo vuelves?’ Obsesionada. ‘Domingo.’ ‘¿No antes? Quiero mi culo ocupado siempre.’ Noches después, la encuentro aggodada. Grande. ‘Empecé sin ti.’ Mesas llenas de juguetes. A cuatro patas. Cambio dildos. Agujero enorme. Mi polla ridícula ahí. Le azoto nalgas. Acelero. Grita por la ventana.
Virginie ya me parece sosa. Todas. Solo ansío el ano destrozado de Christine. Fistearla, quizás. O que me folle ella. Aún no. Pero pronto. La presento a amigos, padres. Se preguntan qué hago con esa borde inculta. Pero su perversión me atrapa. Olvido teatros. Sex-shops nos basta. Mi inocencia rota. Primer culo que me engancha para siempre.