La habitación del ryokan olía a madera antigua y a mar. Vista a la bahía de Ôita, olas susurrando en la noche de verano. Minami y yo solos, por fin. Habíamos cenado kaiseki, yukatas sueltos sobre la piel aún húmeda del ofuro. Ella nerviosa, yo también, aunque lo disimulaba. Primer viaje escolar, escapada secreta. Cuarto con futón grande extendido. Luces tenues, shoji filtrando la luna.
Me acerqué despacio. Su yukata blanco, ceñido flojo. Ojos bajos, manos temblando en el regazo. ‘Mi-chan’, murmuré, sentándome cerca. Huelo su jabón de cerezo. Corazón latiendo fuerte. ¿Y si duele? ¿Y si no gusta? Ella alza la vista, mejillas rojas. ‘Sa-kun… es mi hajimete’. Primera vez. Palabras que encienden todo. La tomo de la mano, fría, sudorosa. La acerco. Respira rápido, pecho subiendo bajo la tela fina.
La espera tensa
La beso suave primero, labios tímidos. Yukata se abre un poco, hombro desnudo. Piel suave, cálida. Manos mías recorren su espalda, desatan el obi. Ella jadea, cuerpo rígido de nervios. ‘Tranquila’, susurro. Dedos torpes en los míos, quitando mi yukata. Pechos libres, redondos, pezones duros. Los acaricio, ella gime bajito. Piernas cerradas, pero las separo suave. Pubis húmedo ya, calor subiendo.
Caemos al futón. Ella debajo, yo encima. Mi erección contra su vientre. Nervios la hacen apretar los ojos. ‘Mírame’, digo. Ojos verdes en sus negros. Guío mi mano entre sus muslos. Húmeda, resbaladiza. Dedo entra lento, ella arquea la espalda. ‘¡Ah!’. Ritmo suave, la preparo. Besos en cuello, pechos. Chupa mi lengua, maliciosa ahora. Mi polla palpita, lista.
El instante ardiente
La penetro despacio. Cabeza apretada, ella ahoga un grito. ‘Duele un poco’. Pausa, beso profundo. Empujo más, centímetro a centímetro. Vagina estrecha, caliente, envolviéndome. Gime, uñas en mi espalda. Empiezo a moverme, torpe al principio. Sudor mezclado. Ritmo crece, ella responde, caderas subiendo. ‘Sa-kun… ¡sí!’. Choques húmedos, futón crujiendo. Pechos rebotando, los muerdo suave.
Aceleramos. Ella aprieta piernas en mi cintura. Gemidos libres ahora, olvida el pudor. Orgasmos cerca. ‘¡Mi-chan!’. Eyaculo dentro, caliente, profundo. Ella tiembla, clítoris frotado, llega al clímax. Grito ahogado, cuerpo convulso. Nos quedamos unidos, jadeando. Semilla goteando fuera.
Después, abrazados. Futón revuelto, yukatas por el suelo. Ella en mi pecho, dedo trazando mis vellos. ‘Fue… increíble’. Sonrío, beso su frente. Inocencia rota, pero placer nuevo. Mundo cambiado. Nervios idos, solo calma tibia. Mañana reservé más noches. Vida juntos, empezaba ahí. Hachinohe lejos, futuro en sus ojos.