Estábamos en mi cabina del Pandora. Después del banquete, el aire olía a skrag y sudor. Bernina entró, su armadura quitada a medias. Sus curvas masivas llenaban el espacio. Yo temblaba. Primera vez con una drak. ¿Y si la rompo? ¿Y si no le gusto? Su cola rozaba mi pierna. Nervios en el estómago. Corazón latiendo fuerte.

Me acerqué. Ella gruñó bajito. Sus ojos amarillos me devoraban. La besé torpe. Labios gruesos, calientes. Sabían a especias salvajes. Manos en sus pechos. Enormes, pesados. Pezones duros como acero. Ella jadeó. Mi polla se endureció al instante. Miedo y excitación. ¿Esto es real?

La Approximación: Tensión y Deseo en la Cabina

La tiré a la litera. Ropa volando. Su piel escamosa, áspera y suave. Sudor perlando sus tetas. Las chupé. Salado, dulce. Ella rugió, garras arañando mi espalda. Dolor placentero. Bajé la mano. Su coño húmedo, pegajoso. Cyprina goteando. Dedos dentro. Calor abrasador. Bernina se arqueó. ‘Vadim… fuerte’, gruñó.

No aguanté. Polla dura, palpitante. La penetré despacio. Aprieto brutal. Virgen en esto. Ella gritó placer. Caderas chocando. Sus muslos me aprisionaron. Bombeé nervioso. Sudor goteando. Olor a sexo animal. Sus tetas rebotando contra mi pecho. Cola enroscándose en mi culo, empujando más adentro.

El Instante y la Huella: Del Contacto al Cambio Eterno

Maladroite al principio. Me salí. Reí nervioso. Ella me guio, mano enorme en mi polla. Volví. Ritmo salvaje. Gritos ahogados. El Pandora crujía con nosotros. Clímax cerca. Ella apretó. Cyprina lubricando todo. Eyaculé dentro. Explosión. Ella rugió, orgasmo temblando su cuerpo masivo.

Después, tumbados. Sudor enfriándose. Su cabeza en mi hombro. Silencio roto por jadeos. Inocencia rota. Ya no era el mismo. Ella abrió horizontes. Familia nueva. Deseo eterno. Tocaba su piel, sabiendo que esto cambiaba todo. El universo ya no era el mismo.

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