En el dormitorio, aquella noche de hace años. La luz tenue del velador. Mi mujer tendida en la cama, desnuda. Sus pechos subían y bajaban. Nervios en el estómago. Era la primera vez que quería ir más allá. Siempre la había lamido suave. Pero esa noche, algo ardía dentro. Quería romper barreras. Ella me miró con ojos curiosos. Mezcla de miedo y ganas. ‘¿Qué vas a hacer?’, susurró. Mi corazón latía fuerte. Sudor en las palmas. El aire cargado de expectativa. Me acerqué despacio. Sus piernas abiertas. El olor de su sexo me invadió. Excitación pura. Miedo a herirla. A no saber. Pero el deseo ganaba. Besé su vientre. Bajé lento. Nervios me temblaban las manos. Ella suspiró. Espera eterna. Mi aliento en su piel. El primer roce iba a cambiar todo.
Posé los labios en su clítoris. Suave al principio. Ella se tensó. Primera vez así de intenso. Mi lengua salió tímida. La lamí despacio. Mollemente. Subí y bajé. Se hizo áspera. La endurecí. Toqué puntos precisos. Aspiré sus labios delicados. Introduje la lengua en su entrada. Pequeños golpes. Como follarla con ella. Regresé a lamer fuerte. Ella jadeó. Respiración acelerada. Caderas ondulando. Movimiento impúdico. No lo controlaba. Quería más. La puse a cuatro o cinco orgasmos ya. Pero quise variar. Primera vez con idea loca. Tomé sus piernas. Las replié sobre su cara. Sexo expuesto total. Continué lamiendo. Respiraba fuerte. Clitóris hinchado. Planté la lengua hondo en su vagina. La agité rápido. Gané centímetros. Orgasmos instantáneos. Uno. Dos. Tres. Brutales. Ella gritó: ‘¡No! ¡No! ¡Es demasiado!’. Empujó mis piernas abajo. Me repelió la cara. Ojos enloquecidos. Paniqueados. ‘¡Estás loco! ¡Quieres matarme!’.
La Approche: Espera tensa y deseo prohibido
La desdoblé. Me reí nervioso. Ella jadeaba. Cuerpo vibrando aún. Yo la miré. Amor inmenso. Sus cabellos castaños revueltos. Se durmió rápido. Ronquido suave. La acaricié. Besé su cabeza. Algo había roto. Mi inocencia en el placer. Ya no era torpe. Sabía su máquina. Pero ella temía. Nunca más esa posición. Fin de algo puro. Ahora conocía el abismo. Su cuerpo, piano perfecto. Yo, el pianista. Pero con miedo en sus ojos. Horizonte abierto. Placer primitivo. Pena por su pánico. Amor más profundo. Esa noche marcó. Nunca igual. Inocencia ida. Realidad cruda. Nervios convertidos en maestría. Ella, multiorgásmica. Yo, su dueño del placer. Pero con respeto al límite. Aquella primera vez intensa. Cambió todo para siempre.